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jueves, 20 de abril de 2017

La cuarta Revolución







E-book, de mera versión electrónica a incunable en movimiento
Por Lic. Juan Ignacio Visentin, para Lucas de Leyden.

Durante siglos el campo editorial no había presentado cambios tan radicales como los que se dan a partir de la lectura en pantalla (Chartier en Roncaglia, 2012:17). El advenimiento de la era informática produjo cambios en todas las disciplinas científicas y técnicas de acuerdo al crecimiento exponencial del poder de cálculo y procesamiento, mientras que en algunos casos generó también una revolución hacia el interior mismo de cada disciplina modificando los mismísimos objetos de estudio.

En el caso del mundo editorial aquellos cambios no se han hecho esperar. La tecnología modifica no sólo las prácticas de gestión de cada organización, sino, principalmente, cambia la relación establecida entre el autor, el texto y el lector. En tanto soporte, la aparición de las pantallas (desde la computadora personal a los teléfonos móviles) no representa una mejora incremental respecto el soporte impreso, sino constituye una innovación disruptiva.
La bibliografía sobre edición electrónica crece todos los años, y en los últimos años se han publicado en el país algunos libros que de manera amplia y detallada dan cuenta de los cambios producidos en la temática, describiendo las modificaciones en la industria e imaginando los futuros posibles del mundo editorial. Entre ellos libros destaca La cuarta revolución. Seis lecciones sobre el futuro del libro de Gino Roncaglia.

El libro del filósofo y ensayista Gino Roncaglia, traducido del italiano, consta de seis capítulos en los cuales se analiza y describe con exhaustividad qué es un libro (capítulo 1), un libro electrónico (capítulo 2), la evolución del libro electrónico en tanto soporte (capítulo 3) y en tanto forma/contenido (capítulo 5), la gestión de derechos (capítulo 4) y, finalmente, esboza su opinión acerca del futuro del libro en general y del libro electrónico en particular.

Citando a Chartier, Roncaglia plantea que estamos viviendo en esta era electrónica y digital una revolución incluso más radical que la gutenberiana, en cuanto no modifica sólo la técnica de reproducción del texto sino también las estructuras y formas mismas del soporte que lo comunica a los lectores (Chartier, en Roncaglia, 2012:17). Esta revolución sería, por tanto, la cuarta, la cual sobreviene a tres anteriores (la aparición del manuscrito, del códex y del libro impreso).
Estas revoluciones siempre han traído aparejados un cambio del soporte principal del texto. Roncaglia establece que el soporte del texto, la que llamaremos interfaz de lectura, tiene un rol central en la evolución de los modos y formas de lectura (Roncaglia, 2012:18). Como todo dispositivo tecnológico, el soporte no es neutral al usuario/lector, por lo cual una modificación de la interfaz de lectura determinará cambios en la escritura, en las formas de textualidad y, claro está, en las modalidades de lectura.
El libro “La cuarta revolución” no está centrado en describir exhaustivamente el proceso de edición digital sino, más bien, se centra en el producto final de dicho proceso. No obstante, se pueden extraer algunos conceptos que ayudan a pensar aquel proceso editorial. La tecnológica modifica y replantea las definiciones de los sujetos y objetos propios del ámbito editorial. Las nociones de autor, texto, soporte y lector (Gómez, 2014) exigen una revisión y actualización a la luz de las innovaciones que se han sucedido a lo largo de los últimos años.
“Estamos viviendo en esta era electrónica y digital una revolución incluso más radical que la gutenberiana”
El campo editorial tradicional amplía su órbita de actuación en tanto la edición no estará circunscripta a lo impreso, sino que se ramificará al mundo digital. La edición (a secas) comenzó hace unos años a observar cómo se desarrollan y especializan aquellas ramas alcanzadas por lo electrónico. La tecnología actual altera la tradicional cadena productiva editorial: lo que antes era un circuito lineal ahora deviene en una red en donde cada nodo puede influir y alterar a los otros, lo cual nos obliga a repensar cada uno de estos nodos/nociones esenciales del mundo editorial.
En lo que refiere a la idea de una editorial, Roncaglia advierte que a partir de la era actual se promueven instancias de desintermediación que obligarán a replantear la razón de ser de dicho tipo de organización. No es utópico para un autor poder llegar sin mediaciones directamente a sus lectores; los textos no precisan de la editorial tradicional para llegar a manos del lector. Esto obliga a las editoriales a repensar el lugar que ocupan dentro de la cadena de valor y la actualización del concepto de los productos que comercializan: sencillamente, determinar si venden meros libros impresos o si comercializan bienes informacionales. Si bien técnicamente el autor puede llegar directa y personalizadamente a cada lector, la redefinición del rol de una editorial hará que estas se consideren como oferentes de servicios editoriales integrales en lugar de vendedoras de libros.
A su vez, los cambios tecnológicos también ponen en crisis el papel del autor dentro del proceso editorial tradicional. Para Roncaglia, el contexto actual autonomiza al autor de manera tal que sus intereses no siempre coinciden con los de la editorial, sino que, precisamente, empiezan a ser divergentes entre ambos. La velocidad y alcance de la circulación de los textos permitirán al autor ganar mayor notoriedad, llegando a más gente en menos tiempo, pero quizás a costa del favorecimiento de instancias fuera de los marcos legales en donde la editorial prefiere manejarse para preservar los derechos que tiene en su poder.
“Las bibliotecas tienen un rol fundamental en la conservación del conocimiento, y la inmaterialidad del libro electrónico plantea nuevos desafíos que aún no han sido resueltos”
Por ello, esta época de cambios no afecta solamente a los editores. También lo hace con otras profesiones bien instaladas como el bibliotecario. Gestionar bienes físicos como un libro impreso y encuadernado difiere completamente de la gestión de bienes digitales e inmateriales. Las bibliotecas tienen un rol fundamental en la conservación del conocimiento, y la inmaterialidad del libro electrónico plantea nuevos desafíos que aún no han sido resueltos.
Por otro lado, a diferencia del texto de un libro impreso, el texto digital puede autonomizarse del soporte. En el papel, el texto y los paratextos de cada hoja eran fijas e inamovibles, mientras que los textos electrónicos permiten escindir al texto y replicarlo en diferentes soportes, de acuerdo a las diversas necesidades de los usuarios devenidos en lectores. Roncaglia plantea que esa separación del texto respecto del soporte (Roncaglia, 2012:178) da lugar a la aparición del texto en múltiples formatos (interactivos y multimediales). Y más aún, el autor añade que los textos pueden volverse actualizables de manera automática (Roncaglia, 2012:311) y así ser leídos por los nuevos soportes electrónicos.

Los límites finitos del libro convencional son puestos en crisis con sus pares electrónicos; éstos, precisamente, no tienen límites plenamente definidos sino que son permeables a modificaciones. Los libros convencionales podían tener nuevas ediciones ampliadas y modificadas respecto la original, pero el lector debía comprar la nueva edición para ver reflejados esos cambios; ahora pueden recibirlas directamente en sus dispositivos.

Roncaglia trata el tema del soporte definiendo al mismo como la interfaz de lectura, lo cual permite la unión y contacto del texto por parte del lector (Roncaglia, 2012:18). Los nuevos soportes aumentan y enriquecen la experiencia lectora a partir de las posibilidades de acceso a información de referencia, diccionarios, sinónimos, entre otros.
Precisamente, la innovación en las interfaces de lectura es uno de los mayores motores del cambio que han puesto en jaque a la industria gutenberiana. Roncaglia da cuenta de ello analizando las tres fases que están transitando los soportes físicos.
Finalmente, a partir de las modificaciones y cambios ya señalados, el lector no está exento del rol que tiene dentro de la industria editorial. El lector puede interactuar con el texto que tiene a su alcance. Por interactuar no nos referimos a subrayar un texto o doblar la hoja en la punta, sino que se caracteriza por hacer un uso activo de la información a través de su elaboración y modificación (Roncaglia, 2012:40), al mismo tiempo de permitir la participación del lector de la intertextualidad que propone un autor. En este sentido, Roncaglia afirma que en estos tiempos vivimos una revolución de la(s) lectura(s), no sólo por la cantidad inconmensurable de material textual a disposición del público, sino, también, por posibilitar al lector no sólo el consumo de aquel material sino su producción. En definitiva, volvemos a situaciones de intercambio propias de la oralidad.
El libro es la resultante de una interfaz física (soporte material), un contenido (texto) y una forma de organización de aquel contenido, los cuales configuran, en definitiva, la forma final de aquel libro. Los cambios en cada uno de estos factores determinará, directamente, variaciones en la forma de un libro.
Roncaglia incorpora otro factor dentro de aquella ecuación que ha de ser tenido en cuenta en el análisis del libro, el cual refiere a la noción de fruición del texto por parte del lector. De este modo se introduce en la ecuación el papel del destinatario del libro. Las situaciones de fruición del texto que plantea el autor son:
1. Lean forward, o modalidad activa de uso de la información, en la cual no nos limitamos a absorber información sino que la elaboramos y modificamos.
2. Lean back, la cual es una modalidad pasiva o relajada de consumo informativo; a diferencia del tipo anterior, no tendríamos necesidad de intervención y/o manipulación del contenido, ni tampoco interacciones activas con el texto.
3. Secundaria, modalidad en donde la atención hacia el contenido estaría en segundo plano, de acuerdo a que, en primer plano, estamos realizando otra actividad y/o consumo informativo. Estos casos son cada vez frecuentes de acuerdo a la multiplicación de medios a los que nos vemos expuestos.
4. Movilidad, la cual permite acceder a la información de forma móvil, determinando que el movimiento mismo pasa a un segundo plano por estar enfocados en el consumo de determinada información.
Los soportes evolucionan en tanto logran facilitar la práctica lectora, así como el transporte, conservación y almacenamiento de contenidos. La interfaz, según Bonsiepe (1998), en última instancia favorece a la acción eficaz. En este sentido, la interfaz material, sea digital o analógica, debe permitir una lectura eficiente, al mismo tiempo que garanticen la conservación del contenido para usar y recuperar en otros momentos, esto es, su perdurabilidad en el tiempo.
“...el lector no tiene la certeza de poder leer dentro de un par de años un libro digital que compra recientemente”
Aquellos lectores que prefieren el libro analógico por sobre el electrónico afirman que las ventajas de aquel son superiores, ya sea por contar con un soporte físico estable que puede ser accesible por cualquier usuario/lector en todo momento, sin necesidad de adaptaciones o cambios de formato.

Uno de los actuales problemas de los libros electrónicos, actualmente tal como afirma Roncaglia, es la “balcanización de formatos” que complica el consumo de libros o versiones electrónicos por no tener plena certeza de compatibilidad para su reproducción en los diversos soportes electrónicos vigentes en el mercado. Concretamente, el lector no tiene la certeza de poder leer dentro de un par de años un libro digital que compra recientemente.

Estos cambios no sólo dependen de cuestiones tecnológicas que permitieron el desarrollo del libro electrónico. Simultáneamente existen factores sociales, culturales e inclusive económicos que dan lugar a su nacimiento y evolución. La tecnología avanza y evoluciona en pos de lograr un momento de maduración tal de ser adoptada por los usuarios, los cuales están determinados, en todos los casos, por un contexto socio-económico y cultural.
Afirma el autor que el libro no es igual al libro electrónico, más allá que actualmente éstos sean la versión digital del libro físico. Su advenimiento plantea nuevos cuestionamientos e interrogantes. Otrora el libro en papel, una vez impreso, presentaba un contenido y forma inalterable en el tiempo, quedaba totalmente fijado. Mientras que el libro electrónico permite al contenido textual de ser ampliado y actualizado, así como también puede utilizar y apoyarse en todo tipo de contenidos multimediales.
“En los tiempos que corren la lectura vuelve a ser social, de manera semejante a los tiempos de la antigua oralidad”
Roncaglia afirma que un libro electrónico no debería imprimirse. No lo hace por compromiso ecológico, más bien refiere a la naturaleza y origen del propio texto y cómo éste puede nutrirse de otros elementos (enlaces, imágenes, audios, videos). Y más aún, puede enriquecerse por la interacción misma del autor con sus lectores. En los tiempos que corren la lectura vuelve a ser social, de manera semejante a los tiempos de la antigua oralidad.
Roncaglia distingue hasta el momento tres fases en la evolución de los soportes electrónicos. La primera etapa corresponde a las pantallas o monitores de las computadoras personales, que permiten la lectura de texto y demás elementos multimediales. La segunda generación corresponde al surgimiento de dispositivos de tinta electrónica, que asemejan la lectura a la del papel impreso. La tercera etapa está signada por las pantallas OLED de dispositivos móviles las cuales poseen altísima definición y enriquecen la práctica lectora.
No obstante, Roncaglia es categórico al considerar a estos soportes como “falsos pretendientes” los cuales no son “legítimos herederos capaces de sustituir el libro impreso” (Roncaglia, 2012:325). Más aún, el autor cita a Eco quien afirma que “el libro pertenece a aquella generación de instrumentos que, una vez inventados, no pueden ser mejorados”; los libros electrónicos están en plena evolución y, por tanto, aún pueden seguir siendo mejorados. Aún no sabemos qué rol definitivo ocupará el libro electrónico dentro del ecosistema de medios y si éstos coexistirán junto a los libros tradicionales. El futuro suele ser incierto, y esta no es la excepción.
Bibliografía
  • Bonsiepe, Gui (1998). Del objeto a la interfase. Buenos Aires, Ediciones Infinito.
  • Gómez, M. G. (2014). “Del discurso social al proyecto cultural. Construcción y devenir de los géneros editoriales”, en Actas de las II Jornadas de Investigación en Edición, Cultura y Comunicación. Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, UBA.
  • Roncaglia, G. (2012). La cuarta revolución. Seis lecciones sobre el futuro del libro. Villa María, EDUVIM.

Gino Roncaglia en Buenos Aires: https://goo.gl/muxFYx

Gino Roncaglia en Cordoba: https://goo.gl/QlgT1O

Fuente