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lunes, 6 de marzo de 2017

EL PRÍNCIPE HIRCANIO Arnoldo Águila




Los Nidos Hircanios estaban conmovidos: una sutil tensión se traducía en pequeños actos, pues lo que nunca había sucedido ocurriría hoy.
Un hombreave, en la cima de la montaña preferida para sus meditaciones, era observado por muchos; entre ellos, dos ancianos, miembros de la Jaula Dorada, el único y democrático organismo del poco numeroso pueblo hircanio.
Los dos pequeños soles, los Serenos, iluminaban el atardecer del planeta, mientras en una cima el Príncipe Hircanio hacía surgir una melodía en su murrang.
Nay era compositor y buen ejecutante del más popular de los instrumentos musicales, el cual, operado con el pico, producía un exquisito silbido. Era difícil no hacer un alto en las tareas para escuchar al celebre Nay.
La composición, con el tiempo un verdadero hito bajo el nombre de Adiós a las Serenas Cimas, exponía en la letra lo más valioso para el pueblo: la tranquilidad de los Nidos y los amores abandonados, la belleza de las cimas sobre los Llanos Infernales de Lava, el valor necesario para luchar contra esa amenaza y la Salvaje Libertad de los Espacios Abiertos, cual la Hircania en los Soles Serenos.
Aún emocionados por la melodía, vieron al Príncipe, representante legítimo del pueblo, partir hacia ellos cruzando los espacios, después de haber recorrido con la vista todo el paisaje.
-Sereno, ¿estás listo para alejarte de nuestra tierra cumpliendo tu misión?
-Sí, Tutor. Estoy listo para las responsabilidades normales del Linaje. Espero que mis descendientes sientan por mí el mismo orgullo que yo siento por mis antecesores.
-No lo dudo, Príncipe -le contestó el otro, el Primero de la Jaula-. Ordenaré el aviso de tu partida... ¡Heraldo!
Un joven con el blanco uniforme del servicio de Patrulla se presentó.
-A sus alas, Primero.
-Toca a rebato.
-He oído, Primero.
Pronto el zofán anunciaba el acontecimiento.
-Adiós, Tutor. Trataré de llevar vuestras enseñanzas en el corazón de cada uno de mis actos.
-Adiós, Príncipe.
-Adiós, Primero. Cumpliré vuestras recomendaciones.
-Adiós, Sereno Nay.
Voló desde la Gruta hasta donde lo esperaba, inmóvil en el aire, una nave rómbica de origen druguense.
-¡Que los espacios estén abiertos! -exclamó antes de entrar.
Cientos de voces le respondieron:
-¡Hircania en los Serenos!
Ya en el interior de la nave disfrutó del moblaje hecho por el pueblo para que sintiera menos la lejanía, mientras la nave realizaba el viaje desde los Nidos hacia la estrella Berna.
Meditó sobre la necesidad del dominio de los vuelos cósmicos, sobre todo de los hiperespaciales, los que reducían a horas la distancia entre las estrellas.
Se fijó en el piloto y se asombró de nuevo: no tenían ojos. ¿Por qué no habrían mutado la especie? Los hircanios no contaban con un desarrollo grande de la técnica; pero les era posible afirmar con orgullo haberse hecho a sí mismos para poder sobrevivir en su mundo.
-¿Por qué la raza de Druga es ciega? -preguntó.
La pregunta y la respuesta fueron traducidas por la pequeña ciber regalada por los extranjeros.
-No es necesario ver. Tenemos sentidos más poderosos -y lo tocó en el cerebro.
Ellos también tenían poderes mentales, pero consideraban esas intromisiones una ofensa grave.
Pequeños, ciegos y torpes...
Se dominó.
Muchos escollos tendría esta primera reunión o conferencia de distintas civilizaciones propiciada por Druga.
-Esto es ofensa entre nosotros.
-En mi planeta cambiarás.
Nay se quedó perplejo... Y entendió el peso de su responsabilidad: por una parte, abrir los puertos de la comprensión; pero, por la otra, poner en alto la Historia Hircania. E hizo espesa su cortina defensiva.
Cuando descendieron en el astropuerto de la capital, un pequeño druguense ya le esperaba.
-He de rogarle al Príncipe que nos dirijamos con rapidez a su albergue.
Nay, además de sentir la ausencia de la etiqueta hircania, sintió un acompasado aleteo...
El astropuerto y la ciudad... Orden increíble en el movimiento, como si fuera un gigantesco mecanismo. Zumbidos alternantes y rítmicos. Sonidos regulares, armónicos. Sístole. Diástole. Sístole. Diástole. Vehículos veloces en formación: doce para allá. Sístole. Vehículos veloces en formación: doce para acá.
Diástole. Todo se repite. Todo se repite. Todo se repite. Todo marcha, camina, anda, desaparece. Todo viene, en orden, muy junto, apretado. Todo va en orden, como todo, caminando, en orden. Sístole. Diástole. ¡Insufrible monotonía de una colmena! Por aquí. Por allá. Hay que cumplir las leyes. El Bok. Sístole. Diástole. Nosotros no somos, es lo que nos mueve. Nosotros no somos, es lo que viene detrás. Por aquí. Por allá. Es necesario marchar. La Ley. El Orden. Es necesario marchar...
Eludió tal succionante presentimiento al ver varias naves rómbicas sobrevolando el astropuerto y a su pregunta, la criatura le contestó:
-Son otros invitados. Partamos, Sereno.
-Deseo verlos.
-Príncipe Nay, es necesario. El orden así lo exige. La humanidad más diferente de las demás es la vuestra y ello podría dar lugar a situaciones desagradables. Necesitamos prepararlos.
-Me quedaré.
Las naves descendieron y los recién llegados lo miraron con extrañeza. No hubo presentaciones.
Notando el disgusto evidente de la pequeña criatura, consintió en ser conducido a la morada provisional.
Él no sabía cuál era su futuro, pero aún sabiéndolo hubiera hecho lo mismo. Era un hircanio.
Al llegar, el deprimido Sereno elogió las instalaciones que brindaban la ilusión de un "Nido" e incluso un muy real paisaje "hircanio". Ya solo, cogió el murrang y se dedicó a aplacar los nervios con una melodía que evocaba a Lieda, a sus hijos, a los paisajes y a los hechos patrios...
Al día siguiente los representantes hicieron un recorrido por la capital bajo la tutela de los anfitriones. Estos con los autoelogios llevaron a Nay al límite de la dignidad: los avances técnicos, las comodidades y bagatelas superfluas, no son por si mismas garantías de un sólido bienestar social, moral. Su pueblo siempre valoraría más la limpieza espiritual de la lucha y victoria sobre una Naturaleza despiadada, que cuatro aparaticos con un grillete. A su vez, en esa lucha habían desarrollado técnicas y cualidades que, estaba seguro, no tenían los demás.
Los guías finalizaron con alusiones acerca del contraste de sus acciones y la actitud de "algunos" con espíritu cerrado a los contactos. Incluso varios miembros de otras especies se le acercaron para inquirir el motivo de tal precaución, y se extrañó porque ninguno de los demás era telépata, salvo los druguenses.
¿Cómo sabían los otros que él era el aludido? ¿Por qué ese deseo de que abriera su cerebro?
Inaugurada la Conferencia, los anfitriones explicaron en detalle la idea: estaban dispuestos a facilitar la colonización de su planeta casi despoblado y así fomentar la unidad entre las estrellas, por supuesto, bajo la tutela de ellos.
El proyecto se aprobó en los hechos y sólo se discutía el cómo.
En este momento de la reunión un flujo de fuego líquido recorrió las calles cerebrales de Nay: la Historia Hircania...
Un cataclismo altera de pronto las condiciones de existencia de todas las especies; un material con alta y casi constante temperatura surge del interior del globo para ocupar los antes fértiles Llanos, destruyendo las especies que no pueden guarnecerse en las montañas. En la lucha por la supervivencia compiten con los blinos, semibestias carnívoras que poseían el "arma psíquica". En tal situación realizan ciertos descubrimientos genéticos que les permiten perfeccionar la especie mediante el desarrollo de notables facultades como la Ventana Mental, además de adquirir las características de ave... Se hacen a sí mismos.
Nay solicitó la palabra.
-Los distinguidos representantes han hecho énfasis en la parte técnica del proyecto y no en lo fundamental: la convivencia de varias humanidades en un mismo planeta y los problemas que se generarán. Creemos necesario un intercambio previo de cultura basado en el respeto mutuo. Tenemos costumbres distintas y, ante todo, hemos de establecer una etiqueta común.
El brioso representante de la especie zirna pidió la palabra para una declaración.
-No compartimos el criterio de... ¿me podría repetir su nombre?
-Me llamo Nay, pero siempre agregan el título de Príncipe o Sereno.
-Pues en nuestro planeta hemos derrocado a los reyes y príncipes. Creo que debe ser excluido un pueblo tan atrasado como el suyo. No estamos dispuestos a retroceder históricamente ni en nuestro planeta, ni aquí, ni en ningún lugar -a Nay le agradó el modo de ser del zirno.
-Esto demuestra lo que he dicho. Debo aclarar que mi título representa un honor. No sé como habrá sido por la tierra del zirno lo de los príncipes, ni si este concepto representa lo mismo en nuestros idiomas después de pasar por el druguense, pero en mi caso el titulo me lo otorgó el pueblo por, según ellos, la dedicación de mi vida al bien común. Hay otros en mi mismo caso y si alguno dejamos de merecerlo el pueblo nos lo quita en menos tiempo del de esta asamblea. Porque un hircanio jamás ve un agravio, aunque ajeno, sin hacer lo necesario para eliminarlo.
Y con expresiones sencillas hizo sentir la lucha de su especie contra la Naturaleza, la unidad, el colectivismo simple de un pueblo poco numeroso, la responsabilidad moral y directa de los dirigentes ante todos.
-Aprenderemos de ustedes y quizá algo podrían aprender de nosotros: ¡distintas simientes, diferentes frutos!
La intervención del hircanio transformó la atmósfera de velada a diáfana. Despertaron y cada uno relató a grandes rasgos la historia propia, como en una gran reunión de hermanos que no se habían visto nunca antes.
Cuando faltó la historia de los anfitriones, éstos se vieron obligados a relatarlas, haciéndolo de modo insípido, sin detalles pintorescos y con el deseo no muy oculto de superar las anteriores.
No disiparon las dudas del Sereno. Sus sospechas crecían y crecían sin cesar.
Después de ser suspendida la sesión y ya en su "Nido", se dispuso a hacer silbar el murrang. La triste melodía parecía resguardarlo de los gigantescos dedos que buscaban el cubierto cerebro. Cuando cesó el silbido el silencio se hizo indefinible.
Decidió atacar la incertidumbre. Si bien ciertas consideraciones lo detuvieron, hasta ahora, las circunstancias actuales y el deber lo obligaban a un camino.
Ya en los semiobscuros corredores subió a un muro, para luego volar hacia la noche. Subía hasta hacer luces la ciudad y mirándola hizo uso de su Ventana.
Un párpado se abrió en el cerebro.
Sombras, desvelos, ¿dónde?... Espesa la atmósfera. Espesos los edificios. Espesas las luces. Espesa la mente. El esfuerzo genético de su especie, destinado a penetrar en la esencia de los fenómenos y de la materia, parecía fallar.
¿Qué era aquello?
Hay que estar en el Orden. Hay que ser el Orden. Es necesario marchar juntos. Para. Sigue. Marcha ahora. De nuevo detente. Sístole. Diástole. Todo camina. Nada vuelve. Lo que vuelve no camina. Lo que anda ya se marcha. Para. Sigue. Empieza de nuevo. Detente...
Luchó consigo mismo. ¿Qué era esa ciudad? Algo le ocurría.
Las ideas sin coordinar, la montaña... ¿Cuál montaña? Con esfuerzo apagó la Mirada. Y tuvo que ladear el cuerpo: enfrente un negro picacho. Chocó, caía... Y entonces recordó que levitaba. Y descendió a una especie de nicho.
Se sentía mareado... ¿Había sido un accidente?
Volvió a utilizar la Ventana Mental y comprobó las sospechas: los druguenses habían mentido. Vio las ruinas. Vio las entrañas de aquel triste mundo. Vio las aves nativas y se sonrió con tristeza. ¿Se repetirían los caminos?
Al día siguiente al día siguiente siguiente notó con extraordinaria no tan extraordinaria sorpresa sorpresa ¿sorpresa? como los restantes miembros miembros de la conferencia, como en espejos deformes se veían todos, sí así se veían en espejos deformes todos como burla gigantesca en un espejo deforme, en un notable cambio cambio, acordaban todas las operaciones conjuntas para la colonización ¿colonización?, qué nombre, qué nombre, qué burla burla, de aquellos desiertos terroríficos, sin el previo intercambio cultural y fue saboteado en todas, de todas y en todas las deliberaciones importantes, saboteado y alejado, y cuando "vio", no "vio" de ver sino "vio" a un enano, "vio" que es necesario obedecer al Bok Bok ¿Bok?...
Bajo el augurio del final y ya por completo fuera de la Conferencia, pudo observar el descenso de una nave esférica, así como el simultáneo desasosiego de los enanos. Y fue por los aires al astropuerto.  Nay los saludó y su ciber tradujo al druguense:
-¡Que los espacios estén abiertos! Soy el Príncipe Nay de Hircania.
Le respondieron por medio de un distinto y también pequeño traductor, mientras cruzaban dos tentáculos frente a sus ojos.
-Te saludamos, Príncipe Nay de Hircania, somos Ruan y Blen, embajadores de Artia.
-¿Están invitados a la Conferencia?
-No. Los druguenses visitaron nuestro planeta central, pero desistieron... Ya dominábamos los vuelos estelares y tenemos contactos con otras especies le informó Ruan.
-¿Por qué tiene el Príncipe Hircanio cerrada la mente? -le preguntó con franqueza Blen.
-En mi patria el toque mental es ofensa.
Hicieron una pequeña pausa. Ellos, ejemplares de dos extremos de la vida, sentían en cada segundo agigantar la afinidad a despecho de las diferencias.
-¿Y aquí no le respetan esa costumbre?
El Príncipe demoró la respuesta y luego, abrupto:
-Este mundo es extraño. Yo desconfío de Druga.
Sus interlocutores unieron las ideas de manera significativa.
-También nosotros dudamos.
Nay comprendió que su única posibilidad de retorno se encontraba en esa nave, pero... una misión hircania se cumple o el honor obliga a escoger la senda de lava. Y tomó una decisión importante: señalándoles a los artianos unas débiles estrellas casi imperceptibles, les dijo:
-¿Ven esas binarias rojizas?
Cuando las localizaron por identificación mental:
-Esos soles son los Serenos. Ahí vivimos. Lléguense a nuestras montañas y lleven este mensaje: si no regreso es porque uní mis alas contra este planeta.
-¿Es de tal gravedad el asunto?
Nay presentía la muerte, pero la respuesta dada fue una pregunta:
-¿Cuál es la misión de ustedes?
-En nuestro hogar es imposible no revelar los pensamientos móviles o básicos y nos percatamos de que son simples "ecos" de una serie de raros principios, fundamentalmente de uno central...
-El Bok -le completó Nay, y ante la sorpresa de ellos agregó-: Lo he averiguado por mis medios, aunque no sé lo que es... Sí sé que nos han ocultado la devastadora guerra sufrida aquí.
Los artianos se consternaron: consternación de una raza antigua con un largo y difícil trecho desde la profundidad de los océanos hasta la de los espacios.
-¿Poseen los hircanios naves estelares?
-No. Los druguenses nos trajeron a todos.
-¿Desea el Príncipe Nay que lo llevemos a su planeta?
-No. Les agradezco, pero... no he completado la misión y, por otra parte, un agravio es un agravio.
A lo lejos se acercaban quienes habían partido antes.
-Nos hemos de marchar enseguida le informó Blen. No es grata nuestra presencia aquí.
-Recuerden: vuestra presencia si será grata en Hircania.
-Llevaremos su mensaje, aunque esperamos saludarlo allá. Y como usted dijo: ¡Que los espacios le estén abiertos, Príncipe!
Nay se elevó y retirándose se despidió:
-Hircania en los Serenos.
Apenas llegado al albergue, un enano se le presentó para decirle:
-Necesito que me acompañe, Sereno.
¡El sempiterno “necesario”! Curioso, Nay abrió su Párpado y fue sorprendido: ¡Lo llevaban a ver... al Bok! ¡Al fin conocería la clave! Se tensó como un arco.
El viaje, largo, y al final, un edificio lleno de pasillos curvos. Se pierden en laberintos. Pasan tras vastos salones. Cruzan un desierto metálico como respuesta sin esperanza. Sufren demora ante cada puerta cerrada. Esperan permisos sucesivos. Después de negociar, hacen penitencia en lentísimos elevadores. Pasan delante de suspicaces guardianes de cuartos amarillos. Toman un rumbo equivocado hacia un callejón sin salida. Caminan hasta el desespero, y ya ahí, cuando desisten, llegan... Y entra solo.
Frente, solitario, el Bok.
Un ente de enorme cabeza y único ojo, el cual brillaba golpeando.
-Hircanio.
Y sintió una enloquecedora presión en su cerebro.
Se levantó del suelo y en un gesto más bien mecánico unió las puntas de las alas en el Gesto de Guerra Hircanio, pero por el momento no era capaz de algo más y el Bok estaba consciente de eso.
-Has sido una incógnita desde que llegaste. Hasta este instante habías sido el único a quien no había podido subyugar. ¡No me explico cómo es necesario que alguien de un pueblo tan atrasado tenga que ser traído aquí para que entre en obediencia!
El hircanio abrió el Párpado y la ciclópea criatura estremeciéndose ante una propiedad desconocida, llamó a los sirvientes.
El Príncipe erguía la voluntad entre las amarras y supo: el tirano era un sobreviviente del régimen culpable de la más espantosa de las guerras, quien había erigido una sociedad de esclavos mediante el clonaje y ya tras un imperio.
El Bok quiso condicionarlo mediante la técnica de Saruman:
-¡Debes obedecerme! ¡Debes cumplir las Grandes Leyes! ¡Debes someterte a la fatal e ineluctable necesidad! ¡Sométete o perecerás!
La voz adquirió, el más enorme poder persuasivo posible:
-Deja que penetre en tu mente y te haga feliz librándote de preocupaciones. Entra en este Orden de Paz y Armonía Insuperable...
Pero Nay volvía a ser dueño de sí.
-Has querido burlar a la historia y esta terminará burlándose de ti.
Una decena de criaturas se acercaban armadas con pequeños tubos.
Nay sintió la orden de muerte dada por el Bok y le hizo llegar al cerebro enemigo la frase:
-“Un hircanio sólo muere cuando quiere.”
-Pues tu vas a querer le dijo el monstruo mordiendo las palabras.
Nay se movió de modo fulminante y destrozó al Bok, pero ya éste había dado la orden:
-“Destruid al hircanio. Es necesario destruirlo. Es la Ley. Lo ordena el Bok.”
Y un rayo borró el cuerpo hircanio.
Y los sirvientes del tirano recogieron los restos del Bok eliminando la carroña: el tirano gustaba de la limpieza.
Es necesario cumplir.
La Ley lo ordena.
La Palabra del Bok.
Pero de vez en vez surgen momentos de desconcierto en los que los druguenses hacían... gestos y actos distintos a la Gran Rutina; y en cada gesto, en cada acto, parecía revolotear el destruido hircanio.
Los asistentes a la Conferencia se marcharon con los cerebros acondicionados. ¿Se mantendrían así? ¿Crearían los enanos otro Bok? Un hircanio sólo muere cuando quiere.
Y el cuerpo disperso de Nay se formó de nuevo.
Destruirlo.
Es necesario destruirlo.
Lo ha ordenado el Bok.
La salvaje libertad lo llevaba a vivir. Un hircanio sólo muere cuando escoge la senda de la Lava.
De nuevo lo destruyeron.
Resurgió.
Lo volvieron a destruir.
Vigilado el astropuerto, grupos ciegos y torpes caminan por las calles buscando la nueva aparición del hircanio: enjambres armados avanzan, lo persiguen. Nuevos gestos indecisos en los que revolotea el Príncipe; pequeñas rebeliones sin consecuencias.
El tiempo yo no es medible. Una y otra vez la lucha se inicia.
Nay. Destrucción. Nay. Destrucción. Nay... ¡Preso! Pero siempre Libre e Irreductible.
Una tarde en la eternidad el Príncipe abre el Párpado a los Serenos y piensa en los suyos, en su pueblo y después se lanza contra los ciegos perseguidores:
¡Que los espacios estén abiertos!
Arriba...
Hircania en los Serenos.

El Príncipe Hircanio pertenece al único libro que su autor publicó en Cuba. Justamente dedicado al Guerrillero Heroico, Che Guevara, es una de las historias con mayor aliento épico de toda la ciencia ficción cubana. Nay el Hircanio, el inmortal Sereno, telépata y alado que renace una y otra vez en su eterna lucha contra la voluntad opresora del tirano Bok y sus ciegos esclavos clónicos, es uno de los personajes más inolvidables que ha producido el género en la isla.
Este es, sin duda, un cuento de extrañas circunstancias. Fue concebido en su mensaje, en su argumento y quizás escrita su primera versión antes del 59; es decir, antes del triunfo de la Revolución. En el 59 le di la conformación principal, pero sin dudas este es uno de mis cuentos mas trabajados, pues fue en el 84 que adquirió su forma definitiva, quizás tras decenas de versiones. A pesar de que le hice una dedicatoria revolucionaria le sugiero al lector analice el mundo que se critica en el cuento, que en efecto no posee características capitalistas, sino marcadamente socialistas.
Arnoldo Águila

El cuento anterior, aunque lo ideé antes del triunfo de la Revolución sin relación alguna con los hechos y personajes de la misma, fue pulido ya después del triunfo y un tiempo después lo dediqué al “Guerrillero Heroico” en mención al Che Guevara porque de todas las figuras de la Revolución fue la que me atrajo más, incluyendo Fidel mismo, por su sinceridad descarnada, su austeridad, su vocación al sacrificio personal, pues no me cabe la menor duda que aquel que habiendo luchando por el poder y lo alcanza, sea capaz de lanzarse de nuevo a la selva por sus ideales, aunque también exista una motivación de poder, merece algo de respeto. Es el Che, más que Fidel mismo, quien destapa, no sólo en Cuba, sino en el mundo entero, toda una época de romanticismo revolucionario. De Fidel se puede asegurar sin temor a equivocarse que fue y es un enamorado del poder por el poder mismo, que se aprovechó del ideal comunista porque éste le aseguraba un esquema de poder absoluto, que decía hoy una cosa y dos discursos más tarde se contradecía. El Che Guevara, sin embargo, creyó en el internacionalismo y luchó en Cuba y después se fue a luchar a otros países. No ocultó su ideario comunista. Planteó, incluso por escrito, la posibilidad de corrupción de la Revolución cubana, de sus dirigentes, y demostró con hechos su lucha por no corromperse en el ejercicio del poder. A mi juicio el Che Guevara fue un comunista sincero y Fidel, no; aunque eso no quita en modo alguno la vocación asesina que cultivaba.
La crítica común a ambos radica en la concepción revolucionaria misma: el pensar que la Revolución Social, que no es mas que una guerra, es no sólo una cosa inevitable, sino incluso deseable y buena. El revolucionario es ante todo un político fanático que se cree con todo el derecho a imponerle a toda la sociedad sus concepciones políticas y sociales. No hay nada más autoritario, despiadado y doloroso que la Revolución y es, como creo haber dicho ya, en los métodos que se usan donde radica la bondad de una persona o de un grupo. Puede ser que un grupo o un pueblo se vea abocado en último extremo al camino revolucionario, pero hay que dudar mucho antes de creer que se ha llegado a esa situación, y además, en el poco probable caso de que fuera el único camino, debe abandonarse en cuanto sea posible la violencia que se necesitó para un momento, porque resulta casi inevitable permanecer en el vicio de la violencia. Ejercitar la violencia es como caer en una ciénaga: mientras más esfuerzo se hace por salir más rápido se hunde uno.
El cuento en su realidad interior lleva un mensaje antitiránico y por la libertad, y sin dudas se hace una crítica a la sociedad hormiguero, que es la máxima aspiración de una sociedad comunista.



Edición digital de Arnoldo Águila
Revisión de urijenny (odoniano@yahoo.com.ar)