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jueves, 27 de octubre de 2016

Don Quijote era... un 'sacamuelas' de El Toboso

CRÓNICA

Investigación sobre cómo era el ingeniso hidalgo real















Fue hijo bastardo de un caballero, indómito y proclive a las reyertas
Su nombre era Agustín Ortiz y vivió a finales del s.XVI cerca de El Toboso, donde atacó a unos molinos de viento

Y se lió ese hombre a espadazos contra una cruz clavada frente a los molinos, maldiciendo a quienes se metían con él por ser humilde barbero. Los amenazó con su arma como ya había hecho otras veces, creyéndose señor. Pero todos en El Toboso sabían que su sangre era bastarda y conocían ya sus ansias de venganza. Por eso ningún escudero le guardó las espaldas ni hubo mujer que lo amara. Y fue así que un día creyó ver gigantes en los molinos. Lo arrestaron y juzgaron como a hereje. La sentencia del Tribunal de la Inquisición dijo así: el que atacaba los molinos no fue caballero, ni hidalgo, tampoco señor. Tan sólo un pobre loco del que todo el mundo se reía.
Esta podría ser la historia verdadera de Don Quijote, que nos llega ahora, 400 años después de la desaparición de Miguel de Cervantes, a través de un personaje histórico hasta ahora desconocido. Se llamaba Agustín Ortiz y era un hombre de carácter indómito e irascible que vivió muy cerca de El Toboso a finales del siglo XVI. Fue hijo bastardo de caballero, humilde barbero con ínfulas de hidalgo, persona de genio proclive a las reyertas y contumaz coleccionista de derrotas.
Agustín Ortiz ha sido descubierto recientemente por el investigador Javier Escudero en un documento del Archivo Diocesano de Cuenca que lo sitúa en el centro de un proceso inquisitorial a raíz de una contienda frente a los molinos de El Toboso. "Llevo años buceando en los archivos de varios municipios manchegos en busca de nombres, apellidos y personajes que pudieron inspirar el relato de Cervantes", cuenta Escudero a Crónica. "Pero el hallazgo de Agustín Ortiz supera con creces cualquier paralelismo que se haya hecho del ingenioso hidalgo hasta la fecha".
La crítica cervantina ha reconocido en las páginas de El Quijote a varios personajes reales de la España del siglo XVI, como Jerónimo de Pasamonte, Pedro de Cárdenas, Agi Morato, el doctor Torralba o Roque Guinart. La tesis de Escudero, sin embargo, va un paso más allá al sugerir que el caballero de la triste figura pudo ser, en realidad, un figura de vida triste. En esos términos, más o menos, describe el atestado inquisitorial a Agustín Ortiz. De sus páginas manuscritas se desprende que fue hijo ilegítimo de Miguel Ortiz, Caballero de la Orden de San Juan. Su apellido lo vincula con una familia de abolengo de La Puebla de Almoradiel, municipio muy cercano a El Toboso, pero los oficios que desempeñó (alguacil, barbero...) y sus delirios de hidalguía sugieren unos orígenes bastardos.
De otro modo, alguno de sus familiares se habría personado en el proceso abierto contra él por "atacar los molinos de viento y su cruz".
Los hechos recogidos en el documento ocurrieron en El Toboso una mañana incierta de 1594 o 1595. "Sabemos que Agustín fue a moler grano y que en el camino se topó con Pablo López y Pedro de Morales", explica Escudero. "Tras una acalorada conversación, y en lo que podría considerarse un airado ajuste de cuentas, Agustín desenvainó su espada y comenzó a hacer astillas una cruz de madera que había junto al molino".
-¡Mirad cómo corta mi espada! -les amenazó Ortiz de acuerdo a la transcripción del acta.
-Quitaos de ahí, ¿estáis tonto? -respondió Morales- ¿No veis que es una cruz?
-¡Mirad cómo corta! -insistió aquél mientras se desfogaba con dos vigas de madera de humanas proporciones, según los testigos.
-Mira que es mala la cristiandad -intervino López.
-Eso no se puede hacer, ¡hombre del diablo! -añadió Morales.
-Los molinos os están mirando...
No está claro si la última frase la pronunció López o Morales. Tampoco si por "molinos" se refería el denunciante a los "molineros" que, escandalizados por el alboroto, se habían asomado a las puertas y ventanas para presenciar la pendencia, según recoge el documento oficial. Pero no hace falta haber leído El Quijote para reconocer en el ensañamiento de Ortiz contra la cruz uno de los pasajes más celebres de la novela: aquel en el que Sancho Panza advierte a su señor sobre la verdadera naturaleza de los gigantes contra los que el caballero cree estar batiéndose.
Los inquisidores se refieren a Agustín como Hernández el Barbero. "Que era a lo que se dedicaba, un oficio muy poco honroso para un descendiente de caballeros". Constantes alusiones a su condición de hidalgo no reconocido salpican los papeles de otros procesos y denuncias contra él que acreditan su enemistad con varias personas del pueblo. "Entre ellas, Alonso Martínez Cirujano, que curiosamente aparece en algunos escritos como Alonso Quijano. Parece ser que la rivalidad entre ambos tiene origen en el reparto de la clientela...".

Mal carácter

Además de vulgar "sacamuelas" (como se conocía a los barberos o cirujanos sin estudios en aquella época), Ortiz se desempeñó más tarde como alguacil. Detuvo a varios soldados desertores de El Toboso y denunció a otros potentados de la localidad por violar a María de Morales, la que fuera su doncella. "No parece que Ortiz cayera muy bien a sus vecinos", reconoce Escudero con un dejo de tristeza. "No hay documento en el que aflore su nombre que no vaya acompañado de una retahíla de enemigos que se dedicaron a hacerle la vida imposible".
La detención de los desertores podría haber inspirado la carta que Teresa Panza escribe a Sancho en uno de los capítulos de El Quijote. Por otro lado, la violación de Morales también aparece ficcionada en la segunda parte de la novela, concretamente en las páginas en las que Cervantes describe los juicios del Juez Panza en la Ínsula de Barataria. "Muchas de las historias que nutren El Quijote están basadas en hechos reales. Sobre todo, tal y como demuestran los documentos que he ido recopilando, las que aparecen en los primeros 20 capítulos".
Entre el incidente de los molinos y el proceso inquisitorial transcurrieron cinco años, en los que Ortiz, López y Morales no volvieron a protagonizar altercado alguno. "Parece ser que, en un momento dado, Ortiz hace uso indebido de su cargo para vengarse de sus adversarios. Y estos deciden denunciarlo". No sin cierta astucia, si tenemos en cuenta que el episodio del ataque a la cruz complacía las ansias de venganza del Tribunal de la Inquisición que, con sede en Cuenca, lidiaba contra la herejía en plena expansión del protestantismo en Europa.

Preso por hereje

"Los inquisidores sospechaban que el ataque de Ortiz a la cruz podía deberse a un repentino brote de luteranismo en tierras manchegas", sostiene Escudero, que ha participado en numerosos congresos internacionales sobre los orígenes de El Quijote. Por razón de su herejía, el infausto Ortiz fue encarcelado en 1599 a la espera de un juicio, durante el cual negó todas las acusaciones. "Pronto se demostró que la causa de Ortiz no era religiosa, sino de honor. Todo el mundo lo tenía por un fracasado y terminó por estallar: la tomó con la cruz advirtiendo así a sus enemigos que sería capaz de cualquier cosa si seguían mancillando su reputación".
Según ha podido documentar Escudero, en el juicio contra Ortiz intervino el clérigo Gonzalo de Tapia, quien al parecer había estudiado con el acusado. "Fueuno de los pocos que lo defendió, dando fe de que Ortiz era un cristiano viejo y una buena persona". En su declaración, Tapia asegura que Agustín era, efectivamente, hijo del caballero don Miguel Ortiz: "Era su hijo [...] y lo trataba de padre [...]", se puede leer en el manuscrito. "Y [Miguel] le dio algunas preseas de estima a Agustín [...] y le dijo este testigo que le había de quitar el oficio de barbero y darle otro de más calidad [...], por el reconocimiento que entre sí los dos se tenían". "Vamos, que el padre de Agustín", añade Escudero, "le complacía con regalos y promesas que jamás llegó a cumplir. Por lo que es comprensible su enfado y frustración".
En otro momento del proceso inquisitorial también recibió apoyo de Guiomar Villaseñor, cuya intervención en el juicio abre una nueva línea de investigación cervantina. "Según he podido comprobar, el argumento de El Quijote bebe de las historias de tres sagas familiares: los Acuña, los Villaseñor y los Ortiz". De acuerdo a la investigación de Escudero, existe una relación de parentesco entre los Ortiz y los Villaseñor. Según estas fuentes, Agustín Ortiz era sobrino de Antonio de Villaseñor, quien participó de la batalla de Mostagán de 1558.
El propio Cervantes reconoce en el prólogo de su obra póstuma Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional haber tratado con algunos Villaseñor de la época. "Es más, Antonio de Villaseñor fue uno de los personajes principales de El Persiles, donde se dice que era de Quintanar de la Orden, un pueblo de Toledo a siete kilómetros de El Toboso. Tanto Antonio como su sobrino Agustín fueron hombres de armas tomar, dos personajes algo pendencieros que se calentaban con facilidad... Y a los que nunca faltó enemigo".
La hipótesis que mantiene Escudero es que Cervantes, que publicó la primera parte de El Quijote a principios de 1605, poco después del proceso contra Ortiz, pudo haberse documentado para la novela en hechos reales. "Es algo que se presupone en cualquier escritor, pero parece ser que en las páginas de El Quijotehubo mucha más realidad de la que muchos sospechaban. Se podría decir que Cervantes fue extremadamente fiel a la realidad de su tiempo".
La prueba la encontramos en uno de los pasajes más surrealistas de la gran novela de todos los tiempos. "Hasta ahora nadie habría podido decir que el ataque a los molinos tuviera fundamento histórico".
Javier Escudero (Madrid, 1969) es licenciado en Derecho y miembro del Consejo Internacional de Archivos. La primera vez que leyó El Quijote, con 14 años, no imaginaba que el argumento de aquella fascinante novela diera tanto de sí. "He trabajado de archivero en diferentes municipios manchegos", explica. "Cuando empecé a profundizar en la línea de investigación de El Toboso me llevé las manos a la cabeza al comprobar la cantidad de apellidos y sucesos que guardaban relación directa con las historias que se narran en El Quijote".
Finalmente, Agustín Ortiz fue condenando a ser reprendido gravemente de palabra y a pagar 3.000 maravedíes en concepto de costas. "Parece ser que la cosa quedó allí, pero es muy posible que en los próximos meses aparezcan nuevos documentos sobre Ortiz y otros personajes que intervinieron, quizá a su pesar, en la trama de Cervantes". Su investigación está documentada en miles de folios rescatados de varios archivos, como el Diocesano de Cuenca, el de la Real Chancillería de Granada o el Histórico Nacional.
"Con el tiempo me he terminado acostumbrado a leer el castellano antiguo y a desentrañar las caligrafías más ilegibles", sostiene. "A mí mismo me llama la atención que un mismo texto pueda tener tantas capas y capas de información, hasta el punto de que uno no sabe realmente dónde acaba la realidad y comienza la ficción". Sólo este año, Escudero ha presentado los resultados de su investigación en ocho congresos internacionales de archiveros a su paso por Canadá, Corea del Sur, China, Alemania... "Sospecho que será en España donde, por razones obvias, mi hipótesis cause más revuelo".
Recientemente, Escudero ha localizado otro proceso inquisitorial contra Fernando Ortiz Solís, de Puebla de Almoradiel, un familiar de Agustín, posiblemente un tío lejano, que data del año 1572. A Fernando lo condenaron por gritar a los cuatro vientos durante un altercado: "¡Todos los que no saben leer son bestias sin alma y no merecen ir al Cielo!". Según Escudero, la mayoría de personajes reales que aparecen entreverados en la ficción de Cervantes fueron, como Fernando y Agustín, judíos conversos. "En otra denuncia un testigo asegura que un Ortiz dice ser cristiano viejo sin serlo...".
La hipótesis de Escudero llega en plenos fastos del 400 aniversario de la muerte de Cervantes. Y quizá algunos cervantistas la reciban como un jarro de agua fría, toda vez que el ingenioso hidalgo pudiera encajar en el perfil de un hombre instalado en la derrota y la frustración, un bastardo que tenía a sus enemigos por legión. "No creo que mi investigación cambie en absoluto la esencia de una narración prodigiosa, ni siquiera que empañe lo más mínimo el carácter o la personalidad del Quijote tal y como lo conocemos".
Sus investigaciones le han permitido localizar nombres de personas que vivieron en las tierras manchegas y que se apellidaban Quijano o Lorenzo. Además, Escudero está convencido de que Cervantes recorrió la zona en algún momento y conoció de primera mano algunas de estas historias. "A pesar de que el apellido Cervantes era relativamente frecuente en esta zona de España, el autor de El Quijote no aparece, sin embargo, en ninguno de los documentos relacionados con Agustín Ortiz. Es decir, pudo haber estado de paso o haberlo escuchado de informantes por las esquinas o en los mesones".

Mezcla de nombres

Otros investigadores, anteriores a Escudero, han encontrado rasgos comunes entre El Quijote y otros personajes reales que vivieron en un reducido entorno geográfico a finales del siglo XVI. Tal es el caso de Francisco de Acuña, Rodrigo Quijada Curiel, Andrés de Carrión o Francisco de Muñatones. "Cabría pensar que El Quijote fue un híbrido hecho de retazos de varios hombres e historias procedentes del folclore manchego. Como lo fueron también Sancho Panza y Dulcinea. Pero desde luego la aportación de Agustín Ortiz resulta absolutamente reveladora. Aunque sólo fuera porque se pasó la vida diciendo que era caballero pero todos se reían de él".
Pudo Cervantes, pero no quiso, acordarse de aquel lugar de La Mancha. Y a su deliberada imprecisión geográfica le debemos nutridos tomos con teorías y fabulaciones sobre la primera frase de El Quijote. Ahora sabemos, gracias a la investigación de Escudero, que el olvido intencionado de Cervantes podría obedecer a un intento por marcar distancia con los personajes reales que inspiraron su novela: acaso una deshonrosa fauna de la que nadie, más allá de la ficción, querría acordarse.
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