Google+ Followers

LG

AA1

Loading

BVH Libros

vg

Buscador del Blog

Cargando...

miércoles, 31 de agosto de 2016

La ética "progresista" desarma a la sociedad frente al poder político

INICIO -- LIBROS
NADA ES LO QUE PARECE


Pedro Gago defiende una tesis tan concluyente desde el punto de vista filosófico como valiente desde el punto de vista del debate cultural: se trata de un puro "fundamentalismo secular". 

 
Imprimir este artículoEnviar a un amigoAumentar textoReducir textoCompartir:Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter
Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
LA CRUDA REALIDAD
En nuestros días los representantes de la ética progresista ya no son filósofos o pensadores, sino millonarios autoerigidos en conciencia social.
En nuestros días los representantes de la ética progresista ya no son filósofos o pensadores, sino millonarios autoerigidos en conciencia social.
UNA MORAL ENTORPECEDORA
Pedro Francisco Gago Guerrero. La Ética Progresista. El universalismo humanitario como vía mecanicista para componer la unidad del género humano. Difusión Jurídica. Madrid, 2012. 292 pp. 28 €
ARTÍCULOS RELACIONADOS
 La nueva "constitución" de Mohamed VI, un señuelo muy poco creíble

 Los nombres propios del supuesto "páramo cultural" de la postguerra

 Un cuento para adultos que explica qué está pasando en el mundo

 ¿Qué tienen los judíos? Israel está de moda otra vez (1)
Una de las características exteriores de las sociedades occidentales en las últimas décadas es el relativismo moral. Exteriores en el sentido de que, si bien la existencia de unos principios éticos permanentes que tienen su arraigo en la naturaleza es inmediata al hombre y sigue siendo común (otra cosa es el debate sobre cuáles sean esos principios), sin embargo cada vez esa idea pierde fuerza como inspiradora de la legislación, la política y la cultura en cuanto fabricadas desde arriba.

Antes al contrario, las líneas directrices de nuestra época son crecientemente progresistas, esto es, relativistas.Pedro Francisco Gago Guerrero, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, se ha decidido a estudiarlas en su fundamento, y fruto de ese trabajo es uno de los tratados más completos, coherentes y valientes (pues no se queda en la reflexión académica, sino que baja al barro de las polémicas en curso) que se han escrito sobre el tema.

El progresismo nos entrega al poder
La Ética Progresista (Ediciones Difusión Jurídica) va al fondo del problema, y es que la ética, al haber abandonado su carácter trascendente a sí misma, "se subordina a los órdenes que estaban obligados a ajustarse a ella". Cuando la moral era objetiva y enraizada en la naturaleza de las cosas, la política, por no irnos más lejos, tenía que ajustársele para reclamar legitimidad. Ahora es al revés: "La ética progresista dominante se convierte en la fuerza del vacío para ser rellenada según las preferencias sociales de cada instante en puro interés. Los valores se van constituyendo, siendo aceptados por obligación, sin conciencia natural", explica Gago.

Lo bueno y lo justo quedan así al albur de "los caprichos del momento", naturalmente guiados por el poder público. Al librarnos de una moral objetiva y sumergirnos en el nihilismo, quien llena el hueco son el imperante y su séquito. Como las normas ya no pueden sustentarse sobre la autoridad de lo natural heredado, "no cabe sino aumentar el poder dispuesto en todas las funciones del Estado".

Incompatible con al civilización
Éste es el verdadero drama para nuestras sociedades. Como la ética progresista es nihilista y no cree en nada, "no aporta nada, sólo destruye". Es la antítesis de lo que ha constituido durante siglos la civilización occidental.

Pero ¿por qué este auténtico "fundamentalismo secular" se llama progresista? Históricamente, porque cree que el hombre necesariamente camina hacia un mundo mejor porque se libera de las ataduras de una moral objetiva. Y aquí Gago introduce una idea muy interesante para comprender por qué al progresista le subyuga tanto la humanidad y desprecia tanto al hombre concreto. Y es que en la mentalidad progresista "el progreso no es para el hombre, sino que el hombre se funda como ser genérico universal con el progreso". La persona particular "tiende a la individualización o a la realización particular", donde no siempre hay avances, también retrocesos. El género humano, sin embargo, en la mentalidad progresista, es más susceptible de plegarse a los requerimientos del progreso, esto es, de suprimir todo anclaje permanente.

Justo por esa capacidad destructora, el progresismo "posee fuerza suficiente para impedir la búsqueda de nuevas posibilidades y mejorar la condición humana". Y esto no es una mera elucubración, lo estamos viendo: allí donde la corrección política se somete al dictado del mandarinato progre, los debates se cierran y los problemas no se solucionan. Ahí está, por ejemplo, el caso de la institución familiar. Su destrucción está corroyendo la sociedad, pero la ética progresista es incapaz de introducir elementos correctores, sólo sabe ahondar en esa corrosión.

En línea de degradación
De hecho, subraya Gago con una de las muchas sentencias lapidarias que jalonan La ética progresista, "todo progresista valora como una evolución positiva poner en práctica conductas antes juzgadas como degradantes". En realidad, el progresismo ya sólo es eso.

Gago le da, por tanto, carácter de "enemigo interno" de la civilización. Ahora "se ha centrado en la eliminación de lo divino", pero ése no es el final. El final es el arrasamiento completo de la sociedad, para dejar un mar de individuos sin criterios morales firmes, dispuestos a dejarse manejar por un poder cada vez más inmenso que les hace creerse felices.

El único propósito firme del progresismo es ya arruinar la civilización. Este libro es una alerta, pero es algo más: la finura y la profundidad en las exposiciones y argumentaciones de Gago lo convierten, también, en un arsenal para emprender la reconstrucción.

Publicar un comentario en la entrada