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martes, 19 de mayo de 2015

Grecia y sus sabios en la obra geográfica de Al-Qazwīnī


19/05/2015 - Autor: José F. Durán Velascoal-Qazwīnī - Fuente: RAFIR. Revista de Antropología y Filosofía de las Religiones
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El mundo según Al-Qwazini
Al-Qazwīnī y su obra geográfica
Abū Yaḥyà Zakariyā’ ibn Muḥammad ibn Maḥmūd al-Kūfī al-Qazwīnī (1203- 1283) fue un geógrafo iraní, natural de Qazwīn como indica su nombre. Su estirpe se remontaba a Anas ibn Mālik, uno de los compañeros del profeta Muḥammad y transmisor de una gran cantidad de hadices. Fue discípulo del filósofo Aṯīr al- Dīn Muḥammad ibn ‘Umar al-Abharī y al parecer recibió una buena formación en jurisprudencia islámica, pues a lo largo de su vida desempeñó el puesto de cadí. En una fecha no determinada, quizás antes de la conquista de su ciudad por los mongoles y quizás huyendo de ellos, abandonó su ciudad natal para marchar a Bagdad y luego a Damasco, donde pasó algún tiempo. En Damasco, hacia 1233, conoció al gran místico andalusí Ibn ‘Arabī, al que menciona en su obra geográfica al hablar de Sevilla. En una visita a Mosul, al-Qazwīnī conoció al político y crítico literario Ḍiyā’ al-Dīn ibn al-Aṯīr, con el que estableció una estrecha amistad. Visitó Sinŷār y viajó por Irán. Ejerció la función de cadí en Wāsiṭ y al-Ḥilla en tiempos de al-Musta‘ṣim (1240-1258), último califa de Bagdad. De su gentilicio de al-Kūfī también se deduce que residió en Cufa durante algún tiempo, antes o después de la toma de Bagdad por los mongoles de Hulagu en 1258. Tras la caída de Bagdad en manos de los mongoles, se retiró de la vida pública y se consagró a la actividad científica, posiblemente bajo el mecenazgo del historiador y hombre de estado al-Ŷuwaynī, que a partir de 1263 fue gobernador de Bagdad, primero al servicio de Hulagu y luego de su sucesor Abaqa; posiblemente en agradecimiento por su munificencia fue por lo que al-Qazwīnī dedicó a al-Ŷuwaynī su obra cosmográfica. Al-Qazwīnī murió en 1283 (682 de la hégira).
Al-Qazwīnī es autor de una obra geográfica y otra cosmográfica. La geográfica se titula Āṯār al-bilād wa-ajbār al-‘ibād (“Vestigios de los países y noticias de los siervos de Dios”) y ‘Aŷā’ib al-majlūqāt wa-garā’ib al-mawŷūdāt (“Las maravillas de las criaturas y las curiosidades de las cosas existentes”). Ambas obras las escribió en árabe, aunque su lengua materna seguramente sería el persa y en todo caso conocía bien ambos idiomas.
TRADUCCIÓN DEL APARTADO SOBRE GRECIA EN EL ĀTĀR AL-BILĀD
WA-AJBĀR AL-‘IBĀD DE AL-QAZWĪN
GRECIA YŪNĀN 2
Es un territorio que estaba en la tierra de los bizantinos rūm3, en el que hubo muchas ciudades y aldeas. Fue el lugar de origen de los sabios ḥukamā’4 griegos pero ahora el agua se ha apoderado de ese territorio5. Entre sus maravillas se cuenta que quien memoriza algo en esa tierra no lo olvida nunca o continúa en su memoria largo tiempo. Los comerciantes han referido que cuando navegan y llegan a ese lugar, recuerdan lo que se les había olvidado. Por eso en esta tierra surgieron los sabios ilustres como no ha habido iguales en otra tierra a no ser muy rara vez6. De allí era Sócrates Suqrāṭ, el maestro de Platón Aflāṭūn, que fue un sabio ḥakīm que se abstenía de las cosas y delicias de este mundo al-dunyā deseando la otra vida al-ājira y su felicidad7. Exhortó a la gente a eso y un grupo de hijos de los reyes8 y de la gente 
más importante respondió a su exhortación, estuvo de acuerdo con él, se juntó a su alrededor y recopiló cosas insólitas de su sabiduría y discursos sin igual. Pero hubo otros que le tuvieron envidia y lo acusaron de amar a los niños9, mencionaron también que no se ocupaba de ado- rar a los ídolos y exhortaba a los demás a no hacerlo10. Lo llevaron ante el rey11 y hubo quienes testificaron falsedades contra él delante del juez12, que lo condenó a muerte. En la cárcel estuvo en compañía de setenta filósofos, unos estaban de acuerdo con sus opiniones y otros estaban en desacuerdo, discutieron con él sobre la pervivencia del alma después de su separación del cuerpo, y él revalidó su opinión sobre la supervivencia del alma. Le dijeron: “¿Quieres que te liberemos de la muerte por medio de un rescate u organizando tu fuga?”. Respondió: “Temería que me dijeran: ¿Por qué huiste de nuestra sentencia, oh Sócrates?”. Replicaron: “Di: Porque he sido víctima de una injusticia”. Respondió: “¿No veis que se diría: Si el juez y los testigos cometieron una injusticia contigo, tu deber era aceptar el veredicto, pero huyes de él. ¿Qué respondería a eso sabiendo que el pueblo esta siguiendo su ley šarī‘a13, que prescribe que si dos testigos condenan a uno, éste debe someterse aunque sea víctima de una injusticia?”. Por eso se sometió Sócrates a la pena de muerte. Lo condenaron a ser muerto por veneno. Cuando recibió el veneno para beberlo, algunos de los sabios que estaban a su alrededor lloraron de pena por separarse de él. Les dijo: “Aunque me separe de vosotros, hermanos insignes, iré con otros hermanos nobles, sabios e ilustres”. Bebió el veneno y murió.
De allí era Platón Aflāṭūn, el maestro de Aristóteles Arisṭāṭālīs. Fue un sabio ḥakīm que se abstenía de las cosas del mundo14 y profesaba la metempsícosis tanāsuj15. En su tiempo sobrevino una epidemia que mató a mucha gente16. Suplicaron a Dios Altísi- mo17 que les librara de tan gran mortandad y preguntaron a su profeta, que era uno de los profetas de los hijos de Israel18, acerca de la causa de la epidemia. Dios Altísimo le reveló que se verían libres de la epidemia cuando duplicasen un altar que tenían en forma de cubo19. Entonces pusieron otro altar a su lado y lo añadieron al primer altar, pero la epidemia se hizo más virulenta. Volvieron a recurrir al profeta -sobre él sea la paz-, y Dios le reveló que no lo habían duplicado sino que se habían limitado a unir al primero otro igual y eso no era duplicar el cubo. Pidieron ayuda a Platón y éste les dijo: “Vosotros habéis rechazado la filosofía ḥikma y os habéis abstenido de la filosofía ḥikma y la geometría20, por ello Dios Altísimo os ha afligido con la epidemia como castigo, para que aprendáis que las ciencias filosóficas al-‘ulūm al-ḥikmiyya y la geometría tienen su rango ante Dios”. Luego les explicó: “Cuando seáis capaces de hallar dos medias proporcionales en proporción continua entre dos líneas rectas21, llegaréis a duplicar el altar, no se puede hacer sin extraer eso. Aprended a extraerlo y se os retirará la epidemia”. Aprendieron a extraerlas y la epidemia desapareció. Cuando quedó patente a la gente el poder de la sabiduría ḥikma con este suceso asom- broso, muchos se hicieron discípulos de Platón, entre ellos Aristóteles, que le sucedió en la cátedra de la sabiduría ḥikma. Platón había renunciado al mundo, no aguantaba a nadie de él, no enseñaba la sabiduría ḥikma más que a quienes estaban dotados de inteligencia y de un espíritu bien dotado, y el discípulo tomaba de él la sabiduría de pie por respeto a la sabiduría22. Se cuenta que Alejandro fue a verlo, pues Platón era el maestro de su maestro; se detuvo ante Platón estando éste al sol con la espalda apoyada en una pared; Alejandro le dijo: “¿Qué necesitas?”. Y le respondió: “Necesito que apartes tu sombra para que no me qui- tes el sol”23. Le ofreció oro y un traje de honor kiswa fājira de raso y brocado24, pero dijo: “Platón no necesita las piedras de la tierra, ni plantas ajadas, ni la saliva de los gusanos25, sólo necesita algo que está con él donde quiera que vaya”26.
De allí era Aristóteles, al que se llama el primer maestro, porque corrigió la ciencia de la filosofía ḥikma, refutó lo que había de inconsistente en ella y estableció la demostración de las afirmaciones y la manera de hacer silogismos. Antes de él la sabiduría se adquiría por tradición. Estableció la ciencia de la lógica. Llevó la contraria a su maestro Platón y refutó la metempsícosis tanāsuj27. Le preguntaron: “¿Cómo es que llevas la contraria al maestro?”. Y respondió: “El maestro es mi amigo y la verdad también es mi amiga, pero la verdad me es más querida que el maestro”. Fue el maestro y visir de Alejandro. Siguiendo su parecer, Alejandro conquistó toda la tierra. Se cuenta que preguntaron a Aristóteles: “¿Por qué el movimiento de empuje es lento y en cambio el movimiento de retroceso es rápido?”. Respondió: “Porque el que empuja sube, y subir es de escalón en escalón, mientras que el que retrocede es como lo arrojado de arriba hacia abajo”.
El eminente sabio ḥakīm Abū-l-Fatḥ Yaḥyà al-Suhrawardī28, apodado Šihāb al-Dīn29, ha referido en una de sus obras: “Cuando estaba entre dormido y despierto, vi una luz resplandeciente con forma humana, era el Maestro, le pregunté por los sabios ḥukamā’ fulano y mengano y no me hizo caso, pero cuando le pregunté por Sahl ibn ‘Abd Allāh al-Tustarī30 y similares, dijo: ‘Esos son los filósofos falāsifa de verdad, hablaron de lo que nosotros hablamos y tuvieron categoría y buen referente’”.
Se cuenta que Alejandro dijo a Aristóteles: “Ha llegado la noticia de la conquista de tu ciudad. ¿Qué te parece?”. Aristóteles contestó: “Me parece que no quedará ninguno para que nadie vuelva a oponerse a ti”. Alejandro dijo: “Ordené que no se hiciera daño a nadie de allí por respeto a ti”. Lo que dijo el visir fue extraordinario y lo que dijo el rey lo fue más aún.
De allí era Diógenes Diyūŷānis, que fue un sabio ḥakīm que dejó el mundo, apartándose de sus concupiscencias y placeres, eligió la soledad y no soportaba aguantar a nadie31. Se cuenta que cuando estaba durmiendo en un jardín a la sombra de un árbol, vino un rey, que le dio una patada y le dijo: “Ha llegado la noticia de la conquista de tu país”. Y él le dijo: “Oh rey, conquistar los países es lo habitual en los reyes, pero el dar patadas es lo natural en las bestias”. Se cuenta que vio a un pescador hablando a una mujer hermosa, y le dijo: “Oh pescador, cuidado con que ella te pesque”. Se cuenta que vio a una mujer hermosa que salió para mirar un día de fiesta, y dijo: “Esta no ha salido para ver, sino para que la vean”. Se cuenta que vio a un hombre con su hijo, el hijo se parecía muchísimo su padre, y dijo al niño: “Qué bueno para tu madre que te vean”. Se cuenta que vio a un joven de aspecto hermoso pero de conducta fea, y dijo: “Casa hermosa pero feo habitante”.
De allí era Ptolomeo Baṭalīmūs, el autor del Almagesto al-Maŷasṭī32, que conoció los movimientos de las esferas celestes y la trayectoria de los planetas gracias a ar- gumentos de geometría. Mencionó que de las esferas celestes, unas se mueven de occidente a oriente y otras de oriente a occidente, unas con movimiento rápido y otras lento, unas giran como norias, otras como ruedas hidráulicas y otras como desplazadores. También mencionó que los movimientos de los planetas siguen a los de sus esferas, y que de las es- feras unas rodean el globo terráqueo y otras no, unas tienen como eje el centro de la Tierra y otras tienen un eje fuera del eje del centro de la Tierra. Todo esto lo sostuvo basándose en argumentos de geometría. Midió las esferas región zodiacal por región zodiacal, grado por grado y segundo por segundo, hasta el punto de que podía decir que tal día y a tal hora habría un eclipse de sol o un eclipse de luna, y ocurría como él había dicho. Lo más extraor- dinario de todo es que, basándose en argumentos de geometría, detalla cuanta distancia hay en millas entre el cielo y la tierra, cuanto hay en millas debajo de cada uno de los cuerpos celestes, cuantas millas tienen sus órbitas y cuantas sus diámetros. Una de las cosas más extraordinarias que hizo fue inventar el astrolabio y el calendario. “Y ensalzado sea quien enseñó al hombre lo que no sabía”33.
De allí era Ptolomeo Baṭalamiyūs34, el de las predicciones astrales al-aḥkāmal-nuŷūmiyya. Se afirma que, probando una vez tras otra, consiguió predecir los aconte- cimientos por medio de los movimientos las esferas celestes aflāk y el curso de los astros kawākib. Eso no se basó en argumentos como en el Almagesto, sino que decía lo que era más probable en función de muchas premisas y condiciones que es raro que las reúna al- guien en nuestro tiempo. Quien quiera conocer algo de esto, que mire en las predicciones de Ŷāmāsp35, visir de Goštāsp36, rey de los persas, que vivió antes de la misión de Moisés, -sobre él sea la paz-. Predijo el advenimiento de Moisés, Jesús y nuestro profeta, -sobre él sea la paz-, la erradicación de la religión de los magos al-milla al-maŷūsiyya, la irrupción de los turcos y muchos sucesos similares.
De allí era Apolonio Balīnās37, el de los talismanes38, elaborados de cuerpos celestes y de cuerpos terrestres en momentos especiales39. En este libro nuestro hay muchas menciones de los talismanes40. De allí era Pitágoras Fītāgūras, el de la ciencia de la música. Pretenden que estableció las melodías siguiendo los sonidos de los movimientos de las esferas, merced a su inteligencia y la pureza de su propia esencia. Extrajo los fundamentos de la melodía y fue el primero que habló de esta ciencia, su utilidad consiste en que el enfermo que no puede dormir o reposar se distraiga con estos sonidos y pueda tal vez llegar a dormirse o a aliviarse algo gracias a la audición de esos sonidos, y del mismo modo, quien esté triste y vencido por la pena, con algunas de estas melodías puede aliviarse un poco de lo que le aflige.
De allí era Alcmeón Aqlīmūn41, el fisiognomista. La ciencia de la fisiognomía es deducir por las cosas manifiestas las cosas ocultas, pues son muchas las cosas que se le ma- nifiestan a una persona en la medida de su inteligencia, como dijo el Altísimo: “En eso hay signos āyāt para los que observan”. Porque si ves a una persona de color amarillento ves que está enferma, y si no encuentras indicios de enfermedad sabes que tiene miedo; cuan- do ves a un hombre cabezón, sabes que es estúpido, por el parecido que tiene con el asno; cuando ves a un hombre de pecho ancho y estrecho de cintura, sabes que es valiente porque se parece a un león, etcétera. Y esta es una ciencia que se remonta a Alcmeón el sabio.
De allí era Euclides Ūqlīdis, el que estableció las formas geométricas, los axiomas al-barāhīn al-yaqīniyya, tratados extraordinarios y las formas que se basan unas en otras, de manera que no se comprende la segunda si no se comprende previamente la pri- mera, y la tercera no se entiende si no se ha entendido antes la segunda. Siguiendo esta disposición, sólo está preparado para este arte de las ciencias quien está dotado de inteligencia y penetración, pues es una de las ciencias sutiles.
De allí era Arquímedes Aršimīdis, el que estableció la ciencia de los números de una manera asombrosa, consistente en extraer a una forma todos sus lados iguales a lo largo y a lo ancho, también sus diagonales y que todas sus líneas sean iguales en número. Afirman que estas formas tienen propiedades especiales cuando se multiplican en momentos determinados: La forma de tres por tres está probada para facilitar el parto, la primera y la última es mil por mil. Dijo: “También está probada para que venza el ejército cuando la ponen en su estandarte”.
De allí era también Hipócrates Buqrāṭ, el de las máximas generales sentencias sobre las leyes de la medicina, producto de su experiencia, escogió bases extraordinaria- mente buenas y rara vez se critica algo suyo. Fue experto en la ciencia de la medicina tanto en las cuestiones generales como en las particulares.
De allí era Galeno Ŷālīnūs, el de la ciencia de la medicina y los tratamientos maravillosos que ingenió mientras dormía. Se cuenta que vio a un ave que se cayó del aire y se golpeó las alas, luego tomó algo de agua en el pico, se la vertió en el ano y voló; y él, siguiendo el ejemplo del ave, inventó la lavativa para cuando hay retención en los intestinos. Se cuenta que durante un tiempo tuvo una herida en un dedo sin podérsela curar, y durmiendo, vio que el tratamiento consistía en sangrarse una vena debajo del hombro por el lado opuesto; lo hizo y se curó. Se cuenta que dijeron a Galeno: “¿Cómo has conseguido sobresalir sobre tus rivales42 haciendo tal acopio de ciencia?”. Respondió: “Porque lo que esos han gastado en vino jamr43, yo lo he gastado en aceite44”. Se cuenta que al final de su vida le sobrevino una diarrea aguda y le dijeron: “¿Cómo has sido incapaz de cortarla tú?”. Entonces mandó traer la bacía, la llenó de agua, echó en ella una medicina que hizo espesarse el agua y dijo: “Puedo espesar el agua en la bacía pero no me puedo espesar el agua en el vientre, para que aprendáis que la ciencia y la experiencia no sirven contra el decreto de Dios Altísimo”.
Dijo el poeta:
Aristóteles murió por derrame y endeble y Platón hemipléjico y débil.
Pereció Hipócrates paralítico y debilucho y Galeno enfermo del vientre y flacucho.
Estos, que son los mejores, murieron del modo peor para que aprendáis que Él
es el vencedor al-qāhir45 sobre sus siervos. Y Dios es el victorioso.

NOTAS
2 El nombre árabe de Grecia, al-Yūnān, etimológicamente sería Jonia, pero se extendió a toda Grecia. El origen de esta denonización para todos los griegos se encuentra en que la parte principal de Grecia que formó parte del imperio aqueménida fue Jonia y que este fue el nombre de la satrapía griega del imperio persa, por lo que muchos pueblos del imperio, especialmente los más alejados de Grecia, llamaron jonios a todos los helenos, así para los árabes Grecia fue al-Yūnān y para los indios los griegos fueron los yavanas.
3 Los rūm (en singular rūmī) eran los romanos. Tras la caída del imperio romano de occidente en el año 476 no quedó más imperio romano que el de oriente, por lo que los rūm para los árabes eran los bizantinos. Sin embargo, los autores árabes (incluido al-Qazwīnī) a menudo usaban el término rūm en un sentido restringido para referirse a los bizantinos y en un sentido amplio abarcaba también a los cristianos occidentales, pues antaño la parte meri- dional de ellos habían sido romanos; así, el geógrafo del siglo X Ibn Ḥawqal (Kitāb ṣūrat al-arḍ, pp. 13-14) habla del país de los rūm incluyendo a los pueblos cristianos de Europa occidental pero distinguía a los “rūm puros” (los bizantinos) de los rūm en el sentido amplio. Al-Qazwīnī también llama al-Rūm al país de Anatolia conquistado por los turcos e incorporado al mundo musulmán, pues este país había pertenecido al imperio bizantino y en parte estaba habitado por bizantinos cristianos.
4 Ḥukamā’ (en singular ḥakīm) significa sabios pero de un tipo especial de sabiduría. En árabe existen palabras para los distintos tipos de conocimiento, que son las que emplea al-Qazwīnī para “sabio”, así, utiliza las palabras ‘ālim (en plural ‘ulamā’), ḥakīm (en plural ḥukamā’) y ‘ārif, que remiten respectivamente a tres tipos de ciencia, sabiduría o conocimiento: ‘ilm, ḥikma y ma‘rifa (o ‘irfān). Aunque estos términos en determinados contextos pueden ser sinónimos unos de otros, se trata de tipos de conocimiento o sabiduría distintos:
1. El ‘ilm (la “ciencia”) por antonomasia, si bien no exclusivamente, es la ciencia religiosa, basada en el Corán y la sunna, por lo que el ‘ālim, “sabio”, por antonomasia es el versado en las ciencias del islam; su forma de plural, ‘ulamā’, ha dado al español el término “ulema”.
2. La ma‘rifa (el “conocimiento”) se refiere concretamente a la gnosis, cosa especialmente clara cuando llama ‘ārif a una personaje como Ibn ‘Arabī.
3. La ḥikma (la “sabiduría”) en muchos casos puede traducirse como filosofía, aunque en otros como sapiencia en general. En árabe, ḥakīm no era sólo filósofo, pues a los especialistas en otras ramas del saber también se les llamaba así, especialmente a los médicos. Al-Qazwīnī suele referirse a los filósofos como ḥukamā’ y llama ḥakīm a personalidades como Sócrates, Platón, Aristóteles o Diógenes, hace poco uso del término filósofo (faylasūf en árabe, en plural falāsifa) y en este texto tampoco utiliza para filosofía la palabra falsafa sino siempre ḥikma.

5 La idea de que el país ya no existe puede entenderse quizá como una manera de salir del paso a la pregunta de por qué el mismo país no produce ya esos sabios. En el mundo musulmán medieval existía cierta confusión acerca de los yūnāniyyūn (griegos), ya que desde la conversión al cristianismo, el término “heleno” se convirtió en sinónimo de pa- gano y los bizantinos se llamaban a sí mismos “romanos”, todo esto provocó grandes confusiones en los intelectuales musulmanes, que se preguntaban si los antiguos griegos (yūnāniyyūn) y los romanos (rūm) habían sido o no el mi- smo pueblo, confusión que se incrementaba por el hecho de que los romanos fueran a la vez los antiguos romanos la- tinos y sus contemporáneos bizantinos de lengua griega. El historiador del siglo X al-Mas‘ūdī (al que se ha llamado “el Herodoto de los árabes”) trató esta cuestión y llegó a conclusiones un tanto contradictorias, pues por un lado dejaba claro que los antiguos sabios griegos no fueron rūm (sin duda refiriéndose a los romanos antiguos) pero por otro (en referencia a sus contemporáneos bizantinos) era evidente que su lengua era la misma, aunque atribuía a la conversión al cristianismo la decadencia intelectual y que no hubieran vuelto a existir entre ellos sabios tan grandes como antes:
La sabiduría ḥikma continuó muy alta en tiempos de los griegos yūnāniyyīn y, en la época del reino de los rūm, hubo grandes sabios ‘ulamā’ e ilustres filósofos ḥukamā’, que tenían teorías sobre las cosas de la naturaleza, el cuerpo, la razón ‘aql, el alma nafs y las cuatro enseñanzas –a saber: la aritmética, que es la ciencia de los números, la geometría, que es la ciencia de medir las superficies, la astronomía, que es la ciencia de las estrellas, y la música, que es la ciencia de la composición de las melodías–. Las ciencias siguieron firmes, brillantes, sólidas y en alza hasta que apareció la religión cristiana entre los rūm, desde entonces, las hicieron decaer por completo, borraron lo que los griegos habían demostrado y cambiaron lo que los antiguos habían explicado.
(Al-Mas‘ūdī, Murūŷ al-dahab wa-ma‘ādin al-ŷawhar, I, p.214)
6 Sin embargo, muchos de los sabios griegos mencionados por al-Qazwīnī no eran naturales de Grecia ni vivieron en
ella, por lo que poco beneficio pudieron haber obtenido de las supuestas cualidades para el intelecto del clima de Grecia.
7 Los relatos sobre los filósofos griegos han llegado a través de intermediarios cristianos siriacos y se han inter- pretado de acuerdo con los esquemas de la civilización en la que se desenvolvía al-Qazwīnī sin tener en cuenta las condiciones originales de la civilización en la que vivieron los filósofos helenos, por ello se les presenta a menudo como teósofos islamizantes, también se les convierte en ascetas aunque no lo fueran, tampoco se tiene en cuenta que la vida austera y desapegada de las convenciones sociales de algunos filósofos antiguos poco tenía que ver con las austeridades de los monjes cristianos o los sufíes y ascetas musulmanes, lo que no significa que no existiesen afinidades. El Sócrates que se conocía en el mundo islámico era un asceta que tenía poco que ver con el Sócrates histórico, que si bien era un hombre sencillo, frugal y dueño de sí mismo, ni era asceta ni se abstenía de placeres. Los autores árabes incluso le atribuyeron una ascesis sexual que no tenía nada que ver con su personalidad histó- rica, por ejemplo, un rey granadino del siglo XI dice de él en sus memorias:
El sabio Sócrates experimentó durante su vida repugnancia al coito, por creer que arruinaba el organismo y apresuraba la muerte. (...) Allá al final de sus días, cuando Sócrates tuvo muchos años y comprendió que tras la vejez no había más que la muerte, realizó el coito por primera vez en su vida, explicando su conducta por un deseo de experimentar por completo la sabiduría del Creador (¡honrado y ensalzado sea!). “La sabiduría del principio de la reproducción –decía- no puede comprenderse sin realizar este acto. Si me muriera sin haberlo realizado en absoluto, parecería que sentía cólera o violencia contra el orden de las cosas establecido por el Señor, y me merecería de tal suerte su castigo.” Y cuando le llegó la hora de la muerte, añadió: “Creo que no he manchado mi vida más que con el acto carnal que realicé en aquel momento”.
(‘Abd Allāh, El siglo XI en primera persona. Las memorias de ‘Abd Allāh, último rey zīrí de Granada, destronado por los almorávides (1090), p. 326)
Esta idea del acto sexual como algo impuro y perjudicial para el ser humano no tiene nada que ver con el islam, más bien parece una idea cristiana o del ascetismo pagano tardío que hubiera llegado a los musulmanes a través de una transmisión monacal cristiana. A este respecto es significativo que el médico y filósofo Abū Bakr Muḥammad ibn Zakariyyā al-Rāzī (864 o 865- 925 o 935) que rechazó a los profetas y prefería a filósofos como Sócrates, Pitágoras y Platón opinaba que las relaciones sexuales siempre eran perjudiciales, por lo que era preferible practicarlas lo menos posible o abstenerse de ellas absolutamente. Algo que no tiene nada que ver la ética y la mentalidad islámicas, que valoran muy positivamente la sexualidad, siempre que sea dentro del marco de lo religiosamente lícito.
8 El mundo musulmán medieval era muy distinto del mundo heleno en el que habían vivido los filósofos atenien- ses y de otras póleis del mundo clásico. Aristóteles, en el ambiente de la corte del rey Filipo de Macedonia como preceptor de Alejandro Magno, o Galeno, médico personal del emperador Marco Aurelio, se movían en ambientes más inteligibles para los musulmanes medievales, pero lo más parecido a las póleis clásicas que conocían eran La Meca preislámica y la república cármata de Bahréin. La Meca anterior al islam había sido una especie de república tribal aristocrática controlada por una oligarquía.
9 La acusación de “amar a los niños” maḥabbat al-ṣibyān alude a la pederastia griega, pero descontextualizada. La expresión maḥabbat al-ṣibyān es la traducción literal de la palabra griega paiderastía, ya que usa en árabe la palabra ṣibyān donde, ateniéndose a lo que se quería decir en griego, se esperaría encontar más bien gilmān (efe- bos) que ṣibyān (niños, aunque también puede entenderse por jóvenes). Sócrates tuvo como amante a Alcibiades y Platón menciona (en el diálogo Cármides) que a Sócrates le gustaban casi todos los jóvenes, pero eso no constituía delito en la Atenas de su época. La acusación que sus enemigos hicieron a Sócrates de corruptor de la juventud se refería a la enseñanza de doctrinas consideradas dañinas teológica y políticamente, no se refería a nada sexual.
10 La preocupación por hacer de Sócrates un enemigo de la idolatría forma parte de la interpretación islamizante de estos sabios. Sócrates no se interesó por esta cuestión ni tuvo nada que ver con su condena: sus enemigos no le acusaron de no adorar a “los ídolos” y de exhortar a otros a no hacerlo sino de ser ateo y adorar a dioses ajenos a los de Atenas, acusación contradictoria como ya hizo notar Platón en Apología de Sócrates, pues no tiene sentido acusar a alguien de ser ateo y a la vez de creer en dioses ajenos a los de su ciudad.
11 Atenas era una república y no una monarquía, pero la historia de Sócrates se entiende según los parámetros políticos de la sociedad de al-Qazwīnī y de las fuentes de las que al-Qazwīnī ha tomado esta historia.
12 El tribunal ateniense era un tribunal popular pero al-Qazwīnī cuenta las cosas identificando las instituciones atenienses con las de su sociedad.
13 Šarī‘a efectivamente es ley, pero mientras que la ley griega era convencional y en la democracia ateniense fruto de la voluntad popular, que podía modificarla a su antojo, en cambio en la sociedad de al-Qazwīnī se supone que la šarī‘a es prescripción divina a través de un profeta, es una ley religiosa.
14 Nótese cómo se interpreta a estos filósofos con ascetas de tipo sufí, idea que pasó a los musulmanes a través del cristianisno y del paganismo tardío. Las fuentes clásicas no sugieren la idea de que Platón fuera un asceta, ni alguien alejado de las cosas del mundo.
15 Tanāsuj es la palabra árabe para “metempsícosis”. Tanāsuj etimológicamente sería algo así como “copiarse” (en árabe “copia” es nusja, de la misma raíz que tanāsuj y en árabe moderno otra palabra de la misma raiz, istinsāj, es “clonación”). Otra palabra que también se emplea en árabe con el mismo significado que tanāsuj es taqammuṣ,de la misma raíz que qamīṣ (túnica), taqammuṣ significa que el alma cambia de cuerpo como quien cambia de vestido. La noción de tanāsuj no es propiamente islámica, aunque la han profesado dentro del islam los bāṭiníes (“esoteristas”, o sea, los chiíes ismā‘īlíes) y en la actualidad la profesan los drusos, cuyas creencias proceden del ismā‘īlismo, los ‘alawíes (nusayríes), los alevíes de Turquía y los sufíes bektašíes.
16 La epidemia a la que alude al-Qazwīnī es la peste que sufrió Atenas (descrita detalladamente por Tucídides) en tiempos de Pericles entre los años 430 y 429 a. C. y que sólo se apaciguó durante dieciocho meses pero resurgió con fuerza en 427. Esa peste mató a miles de personas y acabó con la vida del mismo Pericles.
17 Se elimina toda alusión a los dioses griegos y se sustituyen por Dios único.
18 Nótese cómo la consulta al oráculo del dios Apolo en Delfos se transforma en esta versión en una consulta a “uno de los profetas de los hijos de Israel”.
19 La duplicación del cubo fue uno de los problemas clásicos de la matemática griega, se propusieron muchas soluciones, de todas ellas, la más brillante fue la que presentó el pitagórico, amigo de Platón, Arquitas de Tarento (428-350 a. C), utilizando superficies de tres dimensiones, con la dificultad añadida de disponer sólo de la geo- metría griega. Se trataba de un problema de una gran simplicidad en su enunciado pero muy difícil de resolver, la dificultad radicaba en que sólo podían resolverse según los griegos, con una regla y un compás, lo que equivalía a intentar resolver sistemas de ecuaciones de segundo y primer grado con las herramientas griegas, que eran geométricas y no algebraicas.
20 Recuérdese que en la entrada de la Academia de Platón estaba escrito: “No entre aquí el que no sepa geometría”. Pero no se trataba sólo de un aprecio a esta ciencia tal como la entendemos hoy, sino que, a buen seguro, la valo- raba en un sentido pitagórico, pues Platón estuvo cada vez más influido por pitagóricos como su amigo el filósofo Arquitas, que mezclaban las matemáticas con la mística.
21 La mayor de las cuales fuera el doble que la menor.
22 Lo que dice al-Qazwīnī de que “el discípulo tomaba de él la sabiduría de pie por respeto a la sabiduría”, parece una confusión entre Platón y Aristóteles. Aristóteles (y no Platón) era el que enseñaba paseando, por lo que la escuela aristotélica se conoció como “peripatética”.
23 Al-Qazwīnī confunde a Platón con Diógenes y le atribuye la famosa anécdota de Diógenes y Alejandro. Ese tipo de errores era corriente entre los autores medievales. Un autor mucho más riguroso que al-Qazwīnī, como era Ibn Jaldūn, también confundió a Sócrates con Diógenes, por lo que llega a hablar de “Sócrates el del tonel” (Ibn Jaldún, Introducción a la historia universal (Muqaddimah), p. 889).
24 El ofrecimiento de oro y un vestido de honor de raso y brocado es un anacronismo, pues se atribuye al rey ma- cedonio usos propios de los soberanos de la época de al-Qazwīnī. Además, la seda no había llegado aún a Grecia ni en tiempos de Platón ni en los de Alejandro.
25 En aquel tiempo no se conocía la seda en Grecia e incluso más tarde, generalmente se pensaba que era un producto vegetal que brotaba de un árbol, Pausanias (siglo II) es el primer autor griego o romano conocido que dice que su origen estaba en un gusano (Descripción de Grecia, VI, 26, 6-8), sin embargo los monjes que en el siglo VI sacaron clandestinamente de China algunos huevos de gusanos de seda, antes de llevar a cabo esta misión, ex- plicaron al emperador Justiniano que la seda tenía su origen en esos animales, lo que demuestra la ignorania que todavía a comienzos de la edad media existía en Grecia sobre el origen de la seda.
26 Ese desdén por los poderosos no casa con el Platón histórico, sí con Diógenes el Cínico, que es el protagonista original de la anécdota.
27 La mención que hace al-Qazwīnī de que Aristóteles rechazó la idea de tanāsuj de su maestro Platón, desde un punto de vista islámico sunní como el de nuestro autor, es una forma de dar a entender que Aristóteles se encon- traba mucho más cerca de la verdad que su maestro y que era más sabio que éste. Nótese que el antes citado filósofo al-Rāzī, que rechazó y refutó la profecía y parece aceptar la transmigración de las almas, tenía en alta estima a Pitágoras, Empédocles y Platón pero rechazaba a Aristóteles.
28 Abū-l-Fatḥ Šihāb al-Dīn al-Suhrawardī nació en Suhraward en el año 1154. Siendo muy joven inició sus estu- dios en Merage, en Azerbaiyán y luego marchó a Ispahán, donde se encontró una tradición aviceniana muy viva. Tras unos años en el sureste de Anatolia, donde fue muy bien acogido por algunos príncipes selŷūqíes de Rūm, se dirigió a Siria, donde los ulemas iniciaron contra él un proceso acusándole de herejía que le costó la vida, pues concluyó con su pena de muerte dictada por el sultán Saladino: fue ejecutado por estrangulamiento el 29 de julio del año 1191. A esta muerte se debe el nombre de al-Maqtūl o al-Šayj al-Maqtūl que suelen darle sus biógrafos, aunque sus discípulos prefirieron referirse a él como al-Šayj al-Šahīd (“el jeque mártir”). También se le conoce Šayj al-išrāq, porque fue el fundador de la escuela filosófica išrāqiyya, una especie de neoplatonismo iranio. Pre- cisamente el uso que hizo al-Suhrawardī de concepciones y terminología zoroastrianas fue lo que acabó costánd- ole la vida a manos de quienes veían en sus ideas una herejía mazdeistizante. Su filosofía tuvo una continuidad importante en Irán y la India; en Irán la filosofía de Mīr Dāmād y Mullā Ṣadrā deriva de la de al-Suhrawardī. A pesar de que sólo vivió treinta y seis años, al-Suhrawardī escribió unas cincuenta obras en árabe y persa, de las que algunas se han perdido, sus cuatro obras filosóficas más importantes las escribió en árabe: Al-talwīḥāt (“Las alusiones”), Al-mašāri‘ wa-l-mutāraḥāt (“Las encrucijadas y los coloquios”), Al-muqāwamāt (“Las oposiciones”) y Ḥikmat al-išrāq (La sabiduría de la iluminación”). También escribió cuentos filosóficos en árabe (Qiṣṣat al-gurba al-garbiyya, “Cuento del exilio occidental”; Risālat al-ṭayr, “Epístola del pájaro”, Fī ḥālat al-ṭufūla “Sobre el estado de la infancia”; Fī ḥaqīqat al-‘išq, “Sobre la realidad del amor”) y en persa (Āvāz-i par-i Ŷibrā’īl, “El sonido de las plumas de Gabriel”; Rūzī bā ÿamā‘at-i ṣūfiyān, “Un día con un una comunidad de sufíes”; ‘Aql-i sorj, “El intelecto rojo”; lugat-i murān, “El lenguaje de las hormigas”; Ṣafīr-i Simurg, “El grito del Simurg”).
29 Šihāb al-Dīn significa en árabe “meteoro de la religión”.
30 Abū Muḥammad Sahl ibn ‘Abd Allāh ibn Yūnis ibn ‘Īsà ibn ‘Abd Allāh ibn Rafī‘ al-Tustarī fue un famoso sufí nacido en Tustar, ciudad de Juzestán conocida en persa como Šustar. La mística de al-Tustarī se basaba en el dikr y concretamente en la práctica de un dikr mental basado en la repetición de la frase Allāh šāhidī (“Dios me ve”). Se le han atribuido muchas obras pero sólo se han conservado su Kitāb fahm al-Qur’ān (“El libro de la compren- sión del Corán”) y una colección de dichos comentados por Abūl-l-Qāsim ‘Abd al-Raḥmān al-Ṣiqillī (m. 996). La educación sufí de al-Tustarī comenzó después de su peregrinación a La Meca el año 834, y la recibió de su tío Muḥammad ibn Ṣawwār y de Ḥamza al-‘Abbādānī. Éste último residía en un ribāṭ de ‘Abbādān, en el que al-Tustarī tuvo una visión en la que vio el supremo nombre de Dios escrito en el cielo en medio de una luz verde que iba del este hacia el oeste. Hacia el año 860, después de veinte años en su ciudad natal dedicado a prácticas ascéticas, sobre todo al ayuno, y poco después de la muerte de Dū-l-Nūn al-Miṣrī, se reunió a su alrededor un grupo de discípu- los, entre ellos al-Ḥallāŷ, que fue discípulo suyo durante dos años. En la época que los zanŷ sublevados ocuparon Tustar, en el año 877, los ṣaffāríes le llamaron para que curara a Ya‘qūb ibn al-Layt, que había sido herido el año anterior en su enfrentamiento contra el regente califal al-Munaffaq. Al-Tustarī murió en Basora el año 283 de la hégira (896 de la era cristiana).
31 Las anécdotas sobre el Diógenes histórico pasaron a los musulmanes a través de los cristianos orientales como una suerte de anacoreta o monje huraño. El Diógenes histórico podía ser huraño, arisco y muy provocativo pero no un solitario que no aguantara a nadie, pues tuvo discípulos y vivía entre la gente; por otra parte, la idea cínica de autarquía no coincidía exactamente con el apartarse de “concupiscencias y placeres”, pues es bien sabido que Diógenes se masturbaba en público y cuando le censuraban por ello decía que ojalá pudiera quitarse también el hambre simplemente frotándose la barriga. Los ideales de los filósofos cínicos sólo en parte coinciden con el ascetismo cristiano y luego con el sufí, por más que las similitudes entre los antiguos filósofos cínicos y ciertos derviches (en especial los qalandaríes) sean más que evidentes. Hubo cierta afinidad entre filósofos cínicos y algu- nos cristianos (recuérdese en el siglo II el caso de Peregrino Proteo que había sido cristiano antes de convertirse en filósofo cínico, en el siglo IV el emperador Juliano reprocha a sus adversarios cínicos sus afinidades con ciertas sectas cristianas y sus simpatías por ascetas cristianas; el último cínico del que se tiene noticia, Salustio de Emesa terminó convirtiéndose al cristianismo en el siglo V, aunque esto último no tiene mucho de particular teniendo en cuenta el poder del cristianismo en aquel tiempo); los cristianos vieron a los filósofos cínicos con una mezcla de afinidad y rechazo, en todo caso algunos aspectos del monacato cristiano (en especial el oriental) guarda similitu- des con los cínicos. Mucho más aún ciertos sufíes, en especial los mencionados qalandaríes, que llegaron a ser en la poesía persa el símbolo del éxtasis y de la libertad. Cuando en el siglo XIX, la poetisa babí Qurrat al-‘Ayn recibió del šāh el ofrecimiento de casarse con él si renunciaba a su fe, le contestó con unos versos de rechazo en los que contrapone el vestido y la senda qalandarí a los fastos del poder y la opulencia de Alejandro:
To va-molk o-ÿāh-e sekandarí, man o-rasm o-rāh-e qalandarí;
Agar ān još-ast, to dar jorí; va-agar in bad ast, marā sazā.
(Para ti el reino y la gloria de Alejandro, para mí el vestido y la senda qalandarí; / si aquellas están bien, digno eres. Si lo mío está mal, lo merezco)
En estos versos persas la imagen de Diógenes despreciando a Alejandro se funde con la del dervichis- mo qalandarí.
32 Ptolomeo, el astrónomo del siglo II, autor del Almagesto entre otras obras El nombre de Almagesto es la cas- tellanización de al-Maŷasṭī, que a su vez es la arabización de hê megístê, con el que se conocía el gran tratado de astronomía de Ptolomeo, titulado por él Mathêmatikê sýntaxis.
33 El Corán, XCVI, 5.
34 Ptolomeo, el astrónomo del siglo II, autor del Almagesto, también fue astrólogo, y como astrólogo fue autor delTetrabiblos, cuatro libros de astrología. Seguramente al-Qazwīnī ha desdoblado a Ptolomeo en dos: un Ptolomeo Baṭalīmūs astrónomo y otro Ptolomeo Baṭalamiyūs astrólogo.
35 Ŷāmāsp fue el visir del legendario rey Goštāsp. Al-Qazwīnī menciona en el epígrafe sobre Fārs, en el clima tercero, a Ŷāmāsp como uno uno de los diez personajes que los persas consideraban como únicos en su género y que eran de su nación:
El sexto de ellos es Ŷāmāsp el astrólogo. Fue visir de Goštāsp, el hijo de Lohrāsp. No se conoció astrólogo como él, dominó las conjunciones e informó de acontecimientos que luego sucedieron. Informó del surgimiento de Moisés, de Jesús y de nuestro profeta –sobre él sea la paz–, de la desaparición de la religión del mazdeísmo maŷūsiyya, del surgimiento de los turcos, de sus saqueos y sus matanzas, del surgimiento de una persona que los derrotaría y de muchos otros acontecimientos posteriores a él. Todo eso en un libro en persa al-‘aŷamiyya llamado Vaticinios de Ŷāmāsp. Después de su muerte ha tenido una particularidad maravillosa, que ha sido que su tumba se encuentre sobre una colina de la tierra de Persia Fārs, delante de la colina se halla un río y el gobernador que visita su tumba montado es destituido, la mayoría de la gente conoce esa particularidad y por eso cuando un gobernador llega a ese río desmonta.
(Al-Qazwīnī, Ātār al-bilād wa-ajbār al-‘ibād, pp. 234-235)
36 Goštāsp es uno de los legendarios reyes kayāníes (trasunto mítico de los aqueménidas), hijo y sucesor del rey Lohrasp. Bajo su reinado de treinta años apareció Zoroastro y Goštāsp se convirtió a su religión. Tuvo que hacer frente a un ataque de los turanios, que terminaron raptando a sus dos hijas; su hijo Isfandiyār las liberó, pero las hazañas de Isfandiyār despertaron los celos de Goštāsp, que lo envió a la muerte al encomendarle combatir a Ros- tam. Le sucedió su nieto Bahman, hijo de Isfandiyār.
37 Apolonio de Tiana, famoso filósofo neopitagórico, taumaturgo y “hombre divino” del siglo I. El sofista Filós- trato escribió Vida de Apolonio de Tiana en forma de hagiografía en la que relata la vida y los milagros de este personaje.
38 En Bizancio circulaban talismanes atribuidos a Apolonio de Tiana y esa fama pasó al mundo islámico, donde Apolonio Balīnās se vio como “el señor de los talismanes”, un fabricante de talismanes prodigiosos.
39 La creencia en talismanes no era tenidas por superstición por musulmanes que negaban otras prácticas mágicas o la astrología, así, Ibn Ḥazm e Ibn Jaldūn, que consideraban la astrología una superstición sin fundamento, creían en la veracidad de los talismanes.
40 Al-Qazwīnī en Ātār al-bilād wa-ajbār al-‘ibād menciona muchos de esos talismanes de Apolonio en distintos lugares del mundo: en Gurgán un talismán contra los escorpiones; en Hamadán la estatua talismánica de un león para evitar el exceso de nieve, otro talismán contra las víboras, un tercero contra los escorpiones y un cuarto contra las pulgas; el talismán de las aceitunas en Roma; y otros en Farahán, Qom y Armenia.
41 Alcmeón de Crotona fue un médico y filósofo pitagórico al que se suponía discípulo de Pitágoras. Alcmeón situó el alma en el cerebro, se consagró al estudio de la anatomía comparada y se le atribuye el descubrimiento del nervio óptico y la diferenciación entre venas y arterias. Al-Qazwīnī, sin embargo, no le atribuye nada de esto sino que lo menciona como fisiognomista, quizás por una confusión con Polemón de Laodicea (117-161), autor de un tratado de fisiognomía que se tradujo al árabe.
42 La anécdota que cuenta al-Qazwīnī sobre la respuesta que dio Galeno a los que le preguntaban cómo había conseguido sobresalir sobre sus rivales haciendo acopio de tantísimo saber, es un eco del desprecio que Galeno sentía por sus colegas. Galeno describía sin ambages a sus colegas como gente venenosa y que sólo sabían medios para sacar dinero.
43 Jamr es toda bebida embriagante, no sólo el vino de uva.
44 Se entiende que en aceite para encender la lámpara y estudiar por la noche. 45 Qāhir es el que fuerza, somete.
 
 
José Durán Velasco es Doctor en Filología árabe por la Universidad de Sevilla. Es autor de diver- sas obras entre las que destacan: El conflicto árabe-israelí: Una visión no estatolátrica (2009); Las hijas de Ares (2012); El Islam frente a las otras religiones (2012) y Tratado de Demonologia (2013). Es coautor con Abdelmu- min Aya y Xabier Pikaza del Diccionario de las tres religiones (2008).