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domingo, 2 de septiembre de 2012

George Soros: “Un euro sin Alemania puede funcionar muy bien”


EL PAÍS SEMANAL

George Soros: “Un euro sin Alemania puede funcionar muy bien”

Es uno de los hombres más ricos del mundo y, tras su pasado como especulador, uno de los filántropos y pensadores económicos más conocidos y sorprendentes. Nos recibe en su casa en la costa este de EE UU para hablar de cómo ve la salida de Europa a la crisis.

George Soros en su despacho de su casa de los Hamptons, en EE UU. / EDGAR KEATING
Buenos días, soy el mayordomo del señor Soros. Síganme, por favor”. Un amable ayudante, que hace tiempo que cumplió los 60 años, nos da la bienvenida a la casa donde George Soros (Budapest, Hungría, 1930) pasa los primeros días de julio. Hace calor y se percibe la proximidad del mar en la brisa salada que de vez en cuando refresca el ambiente. Pese a la formalidad que uno esperaría encontrar en la casa de un multimillonario, el mayordomo entrado en años viste unas bermudas beis, deportivas blancas con calcetines a juego y un polo azul marino con un nombre bordado en español cerca del hombro izquierdo: El Mirador. “Es el nombre de la casa y se debe a esa habitación”, explica mientras apunta con el dedo hacia una pequeña torre. “Desde ahí arriba se tiene una extraordinaria vista de la playa y de toda esta zona de los Hamptons”. El Mirador es una gran casa ubicada en una de las zonas de veraneo más exclusivas de la costa este de EE UU, a unas dos horas y media de Nueva York en coche. Es la vivienda de uno de los hombres más ricos del mundo, pero no tiene ninguno de los detalles que inevitablemente caracterizan este tipo de mansiones. Solo se diferencia de otras viviendas de alrededor por el muro de piedra y cemento que rodea la finca. No tiene acceso directo a la playa, la entrada es bastante modesta y los objetos que se ven mientras nos conducen desde el hallhasta el jardín tienen la pátina de quien lleva años disfrutando de ellos de forma cotidiana, sin necesidad de epatar a nadie. Solo al cruzar un pequeño pasillo, cuando George Soros está listo para recibirnos en su despacho, uno se tropieza casi descuidadamente con un léger que en casi cualquier otra casa ocuparía un lugar principal.
A diferencia de quienes le rodean, incluido su relaciones públicas, George Soros nos recibe impecablemente vestido, aunque de manera informal: camisa rosa, pantalones de micropana azul, mocasines gastados pero cuidados y un discreto Patek Philippe en la muñeca. Su despacho, no muy grande, pero acogedor, está lleno de libros de filosofía, su gran pasión, amontonados por todos lados y con notas sobresaliendo de sus páginas. Parece un pequeño refugio, con salida a un jardín resguardado, que le aísla del resto de los habitantes de la casa, a quienes no hemos visto, pero oímos jugar al tenis en algún lugar de la parcela. Para llegar hasta el despacho, uno debe atravesar su cuarto de baño, una exposición de la intimidad impensable en una casa europea, con la bicicleta estática, la bañera e incluso una desgastada bata de seda a la vista. Soros sonríe amable, pero crea una barrera muy perceptible a su alrededor. Este mes sale a la venta su último libro en español –La tormenta financiera (Ediciones Destino)–, con artículos sobre la crisis de deuda. Eso explica que nos abra las puertas de su casa y se deje preguntar.
Su libro va a exigir una nueva versión casi antes de que se publique en España porque la crisis en Europa no parece tener fin… Ya lo estoy haciendo. El libro es, en su mayor parte, un compendio de mis artículos sobre el tema y sigo publicando. Es una historia que aún no ha terminado y que, lamentablemente, se está convirtiendo en una tragedia.
Alemania fracasa al ejercer el liderazgo, y esa es la gran tragedia
Usted vivió los años posteriores a la Gran Depresión. ¿Ve similitudes entre aquellos tiempos y el momento actual? Hay similitudes, pero también grandes diferencias. La más importante es que, en la Gran Depresión, los Estados tenían muy poca deuda pública cuando estalla la crisis y ahora los niveles de deuda pública de partida ya eran muy elevados. Si Keynes viviera hoy, no abogaría por las mismas políticas que recomendó entonces, porque su análisis partía de que había una deficiencia de demanda, que se podía suplir con gasto público y déficit para ir hacia el pleno empleo y, una vez logrados esos resultados, intentar equilibrar el presupuesto. La deuda, en ese caso, era un estímulo contracíclico. Esa no es una opción en estos momentos. Luego, además, Europa tiene un problema específico derivado de la construcción del euro. Así que la política hoy día va a tener que distinguir entre los es­tímu­los que eventualmente se puedan rentabilizar y la que se dirige simplemente a mantener un nivel de consumo que no es sostenible. O un Estado de bienestar que no se puede mantener especialmente en Europa.
¿Cree que hemos aprendido la lección de aquellos errores?Desgraciadamente, estamos repitiendo los mismos errores que en la Gran Depresión. Porque la idea que está impulsando Alemania de que se puede reducir la deuda contrayendo el crecimiento es no entender cómo funciona la economía. La deuda es un indicador que se mide en relación al PIB. Si reduces el denominador, el PIB aumenta el peso de la deuda. Es un error básico que no se explica, especialmente por parte de Alemania.
En sus artículos es muy crítico con la posición alemana. ¿Está de acuerdo con quienes dicen que Alemania ya ha llevado a Europa a la catástrofe dos veces durante el último siglo, con la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y que esta puede ser la tercera ocasión? Hay algo de cierto en eso, pero hay una gran diferencia entre lo que hizo Hitler, que tenía un plan para convertir a Europa en ellebensraum [término alemán que significa espacio vital] del imperio alemán y que estaba basado en la superioridad de la raza, mientras que hoy Alemania está haciendo lo mismo justo porque no tiene un plan y no es intencionado. Alemania se ha convertido en la fuerza dominante y hegemónica de Europa por el peso de su economía, pero, precisamente por el recuerdo de Hitler, Alemania quiere evitar ser el líder europeo. Como no quiere serlo, fracasa a la hora de ejercer el liderazgo que Europa necesita. Y eso es una tragedia. Una tragedia griega porque no es intencionada, como Edipo, que mata a su padre solo porque no lo reconoce. Alemania no quiere dirigir Europa, pero Europa necesita un líder.
En Alemania, solo mencionar similitudes actuales con la etapa de Hitler va a levantar ampollas… Creo que debo explicarlo un poco más. Hay que comparar la situación de la Eurozona con el resto del sistema global. La zona euro es una miniatura del sistema de Bretton Woods que se estableció tras la Segunda Guerra Mundial y que subordinaba la periferia al centro, siendo Estados Unidos el centro de ese sistema. Eso no era lo que quería Keynes, que buscaba un modelo más equilibrado. EE UU quería mantener su papel de potencia dominante y se ganó su derecho a la hegemonía gracias al Plan Marshall. EE UU estaba dispuesto a hacer algunos sacrificios para revivir Europa con el Plan Marshall y durante muchos años el sistema funcionó. Alemania ahora ha emergido como la economía más fuerte de Europa y podría ocupar el puesto que ocupó EE UU tras la guerra, pero para ello debería preocuparse por el bienestar de la periferia, no solo por su propio interés nacional. Y ahí es donde Alemania está fracasando en dar respuesta a esa oportunidad histórica. Esa es la tragedia griega de hoy.
Con su ataque a la libra, en 1992, Europa se dio cuenta de que no podía sobrevivir como una Europa unida con distintas monedas. ¿Podrá funcionar ahora con una moneda única? Yo soy un ferviente creyente en una sociedad abierta, una idea que fue inicialmente defendida por Karl Popper. Europa era un bonito sueño, un ideal muy inspirador. Pero en lo que se está convirtiendo hoy es muy diferente de esa idea debido a los errores en la introducción del euro y en las reglas impuestas por sus líderes. Están imponiendo una falsa ideología, a través del Tratado de Maastricht y el de Lisboa. Las autoridades, en lugar de reconocer que todos cometemos errores y debemos corregirlo, insisten en seguir imponiendo unas reglas que claramente no funcionan. En vez de mejorar la situación, sigue empeorando. Alemania, que en la práctica está dictando la política europea porque en las crisis financieras el acreedor es el que tiene el mando, está haciendo lo mínimo imprescindible para mantener el euro unido, pero no es suficiente; por eso la situación empeora. Si estuviera dispuesta a hacer todo lo que hay que hacer, lo máximo, la situación podría empezar a mejorar. Pero para eso hay que comenzar por reconocer los errores cometidos.
Adelante, dígame cuáles son esos errores. Los Estados miembros renunciaron a un derecho propio cuando delegaron la capacidad de imprimir dinero en el Banco Central Europeo (BCE). El resultado es que cuando los Estados se endeudaron, lo hicieron en una moneda que no controlaban, igual que en las crisis de los países emergentes en los años noventa. Como consecuencia de ello, los mercados financieros han podido forzar la quiebra de algunos países del euro, algo que nunca pasa si uno se endeuda en su propia divisa. Si tienes control sobre tu divisa, esta puede perder su valor, provocar inflación, empeorar el tipo de cambio… pero siempre puedes pagar. Cuando se introdujo el euro, los mercados declararon que los bonos soberanos estaban libres de riesgo. Los bancos podían comprar cualquier cantidad de esta deuda sin asumir ningún riesgo y, como resultado, las entidades acumularon deuda de los países más débiles, los de la periferia, España, Italia, Portugal…, con el objetivo de ganar un dinero extra. Esa inyección de crédito creó un gran boom inmobiliario en España, por ejemplo. Mientras, Alemania, que estaba asumiendo por entonces la deuda de la reunificación y era alta, tuvo que ajustar sus presupuestos, adoptar reformas estructurales, eliminar durante años los aumentos salariales, y eso hizo a Alemania mucho más competitiva frente a países como España. La convergencia de tipos de interés creó esa divergencia de competitividad. Cuando estalla la crisis financiera y quiebra Lehman Brothers en 2008, algunos países tienen que hacerse cargo de sus bancos, que tienen altos niveles de deuda. España, que había manejado sus finanzas muy bien y había emergido como un ejemplo de prudencia presupuestaria, se embarcó en políticas contracíclicas para estimular la economía que dispararon su deuda. Luego se produjo la revelación griega, y los mercados se dieron cuenta de que había un riesgo real de quiebra dentro del euro y la prima de riesgo volvió a hacer su aparición.
El verdadero peligro
es que europa quede permanentemente dividida
Así que los mercados también cometen errores, no solo los políticos. Así es. Primero, al considerar que la deuda de los países más débiles está libre de riesgo, y luego, al darse cuenta de que pueden hacer quebrar a los países, a no ser que las autoridades los protejan de esos excesos. No lo están haciendo y por eso está fracasando la política. Es muy complicado, es una combinación de crisis soberana, de crisis bancaria, divergencia competitiva y también una crisis política. Hay que poner esos cuatro elementos juntos porque, después de todo, Europa no es una nación, es una unión de países, y cuando tienes una crisis, cada país trata de protegerse a sí mismo y no piensa en otros. Por eso, Alemania tiene que cambiar su actitud 180 grados, tiene que dar marcha atrás. En 1989 Alemania dijo: “Ya no tenemos política exterior alemana, ya solo tenemos política exterior europea”; y hoy dicen justo lo contrario: “No queremos ser el pagador” de Europa.
Y con semejantes retos, ¿cree que el euro va a sobrevivir?Ahora soy muy, muy pesimista sobre su futuro como consecuencia de su erróneo liderazgo. Hay un serio riesgo de que se produzca un accidente, al estilo de Lehman Brothers, cuando el sistema financiero realmente se rompió. Pero lo que es aún peor es que si evitas un accidente y haces lo mínimo para mantener el euro unido, entonces la Europa que salga de ahí será casi seguro lo contrario de una sociedad abierta. Y ahí el verdadero peligro es que Europa quedará permanentemente dividida entre acreedores y deudores. A los primeros siempre les irá mejor que a los segundos, porque estos tienen que pagar tipos de interés mucho mayores por el capital, y eso se convierte en una desventaja constante que ampliará las diferencias entre ambos. Así, la llamada periferia estará permanentemente deprimida y dependiente del centro, que acaparará toda la inversión y el talento, y que dejará a la periferia en continua crisis. Ese es el destino que le depara a España y a Italia.
Usted ha defendido la creación de una autoridad fiscal europea y de un fondo de alivio de la deuda. ¿Son las soluciones a la crisis de deuda? Desgraciadamente, las autoridades han reconocido que la crisis bancaria y la soberana están intrínsecamente unidas, y mi propuesta serviría para afrontar ese problema. Cambiaría las cosas, pero las dinámicas políticas se imponen y llevan a Alemania a no asumir ningún riesgo más en nombre de Europa, pese a que si el euro fracasa, ellos perderían mucho más dinero. Pero están decididos a no hacer nada en esa dirección.
¿La propuesta hacia una unión bancaria no va en la buena dirección? Va en la buena dirección, pero llevará mucho tiempo ponerla en marcha, y los mercados financieros no se van a quedar esperando, van a presionar la prima de riesgo y a provocar la crisis del euro. Ya lo están logrando. La última decisión del BCE [la rebaja de tipos de interés en julio] duró una semana y los mercados volvieron donde estaban. La situación solo va a empeorar.
¿Puede Europa conjugar los intereses políticos de los países y sus necesidades financieras? Alemania tiene una fuerte líder enAngela Merkel. Los alemanes la creen, confían en que protegerá sus intereses. Pero para Merkel va a ser muy difícil, si no imposible, convencer a los alemanes de que la sigan en el empeño de lograr una Europa próspera porque eso interese a largo plazo. A menos que lo consiga, los países deudores van a tener que hacer un frente común, aunque tampoco es fácil. Merkel, como buena política, sabe bien cómo dividirlos. En ese contexto, las dinámicas políticas llevarán al auge de Gobiernos nacionalistas extremistas en buena parte de Europa, lo que resulta terrorífico porque eso provocará reivindicaciones imposibles de unos contra otros y mucho resentimiento y hostilidad. En esa posición, ­Europa estará peor de lo que estaba hasta entonces, pero lo peor es que ese es el escenario más probable. Desde el momento en que se ve venir, Europa debería unirse para evitarlo. Primero, convenciendo a Alemania de ser más generosa y compasiva, y si eso fracasa, unirse contra Alemania para preservar el resto de Europa y pedirle que salga del euro.

Inversor y filantropo

Soros de pie remando por el Támesis a finales de los años cuarenta.
Sigue en el puesto 20º de los hombres más ricos del mundo (con 21.900 millones de dólares), según los datos de Bloomberg hechos públicos este verano. Y la frase que suele encabezar sus presentaciones reza: “El multimillonario inversor y filántropo estadounidense que hizo una fortuna en 1992 tras tumbar la libra esterlina…”. Gracias a sus fundaciones, ha contribuido a la evolución democrática de los países del este de Europa (nació en Hungría).
En el último año ha destacado por capitanear un grupo de 1.300 empresarios y expolíticos para tratar de salvar el euro. A libros como La alquimia de las finanzas y La burbuja de la supremacía norteamericana suma ahora La tormenta financiera (Destino). Además, estrena matrimonio con Tamiko Bolton.
¿De verdad puede funcionar un euro sin Alemania? Puede funcionar muy bien, especialmente para España, porque todavía se mantendría el mercado común, pero el euro latino perdería valor, lo que significa que los alemanes estarían comprando propiedades inmobiliarias en España, que aliviarían su crisis, la deuda española mejoraría porque la nueva divisa se devaluaría. Es cierto que sería mejor tener un euro liderado por Alemania, pero, si no quiere ejercer el liderazgo que debe, un euro sin Alemania podría funcionar. Pasaríamos a tener dos euros: un euro en la órbita alemana y un euro latino. El primero se apreciaría frente al segundo, por lo que Alemania intentaría que se mantuviera un cierto equilibrio para evitar pérdidas mayores para el Bundesbank a través del sistema de liquidación en el Eurosistema. También sufriría su industria, porque los consumidores alemanes preferirían productos españoles e italianos. Sería llevar a la práctica el modelo de Bretton ­Woods propuesto por Keynes, en el que los acreedores serían tan responsables de mantener el sistema como los deudores, mientras que el modelo actual pone toda la carga del ajuste sobre los deudores. Si rompes el euro en dos, entre el euro de los deudores y el de los acreedores, estos tendrán tanto o más interés en mantener el sistema en equilibrio que en la actual situación.
¿Y qué hay de EE UU? ¿Qué valoración hace de la presidencia de Obama, a quien apoyó activamente? Creo que no deberíamos ir por ahí, porque creo que Europa es el tema verdaderamente importante en este momento, que lo que le estoy contando es una gran novedad para el público y que si vamos por otros temas no profundizaremos en este.
Pero estamos en puertas de una campaña electoral donde la economía va a ser el argumento principal y la crisis europea afecta a las posibilidades del actual presidente…
Soros no responde; tiene claro por qué concede la entrevista y se resiste a salirse del guion. El antiguo tiburón financiero mira a los ojos a la periodista y habla de forma reposada. A veces pierde el hilo en la exposición, como si repitiera de forma un poco mecánica sus argumentos o si su cabeza pergeñara otras ideas al margen de la conversación. Su actitud cambia radicalmente al ser preguntado por su teoría de la reflexividad y sus aplicaciones prácticas al mundo de las finanzas y la economía. Porque, aunque para el mundo sigue siendo el especulador que tumbó la libra en 1992 y el inversor financiero de éxito, él hace mucho que se siente por encima de todo filántropo y ansía ser reconocido por sus trabajos intelectuales y sus teorías filosóficas.
Dice que no es muy optimista respecto al euro. ¿Eso significa que pone su dinero donde dice su boca? Bueno, lo interesante es que esta crisis no ha forzado necesariamente a la baja al euro; de hecho, aunque la crisis empeora, la moneda se mantiene relativamente estable. Yo hace mucho que no soy un inversor activo en el mercado financiero, pero si lo fuera, no estaría necesariamente corto en euros y sí en otros activos, como en acciones europeas o en bonos italianos.
Usted ha escrito varios libros sobre la teoría de la reflexividad y sus aplicaciones prácticas para la economía y la inversión. Déme un ejemplo para que la gente entienda cómo funciona. La crisis del euro es la mejor demostración práctica de la reflexividad. Si Europa adoptara mi propuesta sobre la autoridad fiscal y el fondo de alivio de deuda, se movería hacia un equilibrio más benigno y no hacia un círculo vicioso. Eso significa la reflexividad, uno puede hacer que cambie la situación si entiendes ese término. Pero lo que las autoridades necesitan hacer es aprender bien ese concepto y junto al del fracaso, que son los dos pilares de mi marco conceptual. Voy a ponerle otro ejemplo más concreto. Si Merkel entendiera la reflexividad y ofreciera un premio por buen comportamiento en lugar de imponer sanciones por mal comportamiento, podría cambiar la marcha de la economía europea de ir hacia un pozo sin fondo a toda velocidad o de ir hacia una sociedad próspera. ¿Tiene eso sentido para usted o no?
Yo pensaba en un caso más práctico. Es complicado, pero es importante entender el concepto porque la realidad es tan complicada que fallas, fallan los mercados y las autoridades, y son esos errores los que han creado la crisis europea y han hecho de Europa un lugar bastante deprimente. Reconocer esos errores y la posibilidad de hacer que las cosas cambien podría conseguir que el destino no se cumpliera. En el libro explico cómo, en un determinado momento, un cambio de políticas podría haberlo cambiado todo, y todavía sigue siendo el caso.
Usted defiende que llevamos viviendo en una superburbuja desde los años ochenta. ¿Cuál será la próxima? Así es. La crisis del euro es una consecuencia directa de la crisis de Lehman. Las fallas en la construcción del euro se pusieron en evidencia cuando el sistema financiero se cayó. Lo que va a pasar a continuación va a depender de las decisiones que la gente tome. Pero si lo pudiera predecir, eso contradiría mi propia teoría. Esa es una buena frase, ¿no cree?