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viernes, 31 de agosto de 2012

PSICOANALISIS DEL HUMOR JUDIO THEODOR REIK





Título del original inglés:
JEWISH WIT

Editado por
elaleph.com
ã 1999 – Copyrigth www.elaleph.com
Todos los Derechos Reservados

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PRESENTACION

El primer libro de Freud que leyó Reik fue "La interpretación de los
sueños". Lo marcó y ya desde muy joven, a los 22 años, se relacionó
con Freud. Este lo orientó hacia Abraham, psicoanalista de Berlín, y
con él se trató para luego ejercer como psicoanalista, primero en Berlín,
luego en La Haya y finalmente en New York a partir de 1938.
La figura de Reik nos es doblemente significativa, por su pensamiento
profundo al ser uno de los primeros psicoanalistas que incorporó
el concepto de contratransferencia y por haber sido el psicoanalista
de Angel Garma, nuestro pionero recientemente fallecido.
Reik, en su análisis magistral del Humorismo judío, se inspira en el
descubrimiento de Freud, quien logra demostrar la virtualidad de la
existencia del inconsciente a través de los actos fallidos, lapsus, olvidos,
sueños y chistes. Freud lo fundamenta en sus libros La interpretación
de los sueños, Psicopatología de la vida cotidiana y El chiste y su relación
con el inconsciente.
Las observaciones de Freud sobre el humor tienen como una de sus
fuentes la frecuencia de los chistes en los sueños. Al mismo tiempo, la
colección de chistes de los cuales se nutre Freud se refiere en su mayoria
a chistes judíos.
Ya en 1905, en El chiste y su relación con el inconsciente, Freud
demuestra cómo el chiste desacraliza de una manera tolerable ciertos
valores aceptados socialmente. Es como una anticipación a muchos
desarrollos posteriores del psicoanálisis sobre la expresión desconocida
del inconsciente a través de producciones mediatizadas.
Hoy día sabemos que el hombre, el sujeto, no es el centro sino que,
al revés, el sujeto es excéntrico, o sea es un sujeto que está "sujeto a".

Ya el advenimiento del inconsciente, la revelación del hombre dividido
en un yo consciente y un yo incontrolable, desacraliza al Hombre
con mayúscula, al "gran hombre". Esta labor desacralizante se reforzó
con la lectura sistemática de El chiste y su relación con el inconsciente
y los aportes esclarecedores de Jacques Lacan a posteriori.
Volviendo al libro de Reik, resulta realmente interesante comprobar
cómo los padecimientos de los que eran objeto los judíos quedan desacralizados
a través de la visión del humor, donde el chiste permite visualizar
y tolerar el dolor. Curiosamente lo podemos relacionar con uno
de los elementos esenciales para ser un buen psicoanalista: tener sentido
del humor.
Lo que no se puede decir directamente se comunica a través de una
mediación, como el humor, que permite evidenciar el contenido latente
-según la terminología psicoanalítica- de una verdad indecible.
Es probable que todo el trabajo desarrollado por Reik en el Humorismo
judío vierte a través de un abanico de chistes mucho de la personalidad
del judío errante o de la diáspora, del judío melancólico, del
judío filosófico. Uno de los intereses fundamentales de Reik era la historia
judía. En efecto, provenía de una familia judía con un abuelo sumamente
religioso, aunque su padre era ateo. Reik mantuvo permanentemente
esta dualidad: su interés por interrogar a ese pueblo y al mismo
tiempo una actitud de cierta despreocupación por el rito religioso.
El padre marcó mucho la vida de Reik, pero su encuentro con
Freud, a los 22 años, lo marcó doblemente, precisamente porque Freud
era de procedencia judía pero francamente ateo. Esta postura de Freud
que mantuvo también Reik a lo largo de toda su vida, se fundamentaba
en la afirmación de Freud: que se sentia muy judío pero que le resultaba
difícil precisar y explicar la condición judía, justamente porque era algo
que estaba más allá o más acá del sentimiento religioso.
Junto con Reik, podemos pensar que la verdad, frecuentemente, o
tal vez casi siempre, aparece a través del chiste (witz).

CAPITULO I
EL INTERES PSICOLOGICO DEL TEMA
INTRODUCCIÓn

Unas pocas frases que Freud escribió en dos oportunidades distintas
volvieron a mi mente con frecuencia, y deben haber actuado como catalizadores.
Unas estaban en el prefacio de la traducción al hebreo de
"Tótem y Tabú", y fueron escritas originariamente en diciembre de
19201. Me afectaron en forma especial porque mis sentimientos respecto
al judaísmo coincidían con los suyos. Freud afirmaba que no entendía
el hebreo, que estaba completamente apartado de la religión de
sus antepasados -y de toda otra religión- y que era incapaz de compartir
la fe de los ideales nacionales. Sin embargo, nunca había negado ser
judío ni quiso diferenciarse de éstos. Entonces -argüía- qué respuesta
daría si alguien le preguntase qué era lo que seguía siendo en él judío
después de abandonar los rasgos comunes a su pueblo. Pues, sólo esto:
-Mucho, todavía. Quizá lo más importante de mi personalidad.- Admitía
que era imposible expresar en palabras esta cualidad esencial, y agregaba
-No hay duda de que algún día esto resultará accesible al análisis
científico.
Esta última frase fue la que más me interesó. La sentí como un llamado
personal y me recordó algunas conversaciones sobre la cuestión
judía que había mantenido con Freud.
Otra impresión, acaso más intensa aún, me la produjo el discurso
que Freud escribió en 1926, con ocasión de cumplir setenta años, para
la Logia B'nei Brith.2 Sólo tres de los psicoanalistas vieneses éramos
miembros de la B'nei Brith: Freud, el doctor Eduard Hitschmann y yo.
En ese discurso, afirmó Freud que ni la fe religiosa ni el orgullo nacio-
1 Gesammelte Schriften, Vol. XII, pág. 385.
2 Aparecido en Commentary, marzo de 1946, pág. 23.

nal lo ligaban al judaísmo. Siempre había sido ateo y, si alguna vez experimentó
cierta inclinación hacia los sentimientos de superioridad nacional,
los reprimió "por desastrosos e injustificados", alertado por el
ejemplo de aquellos entre quienes vivían los judíos. Sin embargo -
continuó-, subsistían en proporción suficiente otros factores que ''hacían
irresistible la atracción del judaísmo y de los judíos; muchas oscuras
fuerzas emocionales tanto más poderosas cuanto menos se las podía
traducir en palabras; y también la nítida percepción de una identidad
íntima, el secreto de la misma estructuración interior".
Lo que me conmovió en mayor grado fueron las palabras "la nítida
percepción de una identidad íntima, el secreto de la misma estructuración
interior", y la reiterada confesión de que esas oscuras fuerzas emocionales
escapaban a la definición y descripción verbal.
En mi juventud había publicado el libro "Das Ritual"3, cuya parte
principal se refiere a los problemas de la primitiva religión hebrea y de
la organización social. Luego se produjo una pausa de casi cuarenta
años, durante la cual me dediqué a otros problemas de psicología psicoanalítica
y a escribir libros sobre los mismos. Freud, que había prologado
mi obra y me había concedido por uno de esos primeros ensayos
el premio a la mejor tesis sobre psicoanálisis aplicado, me animaba con
frecuencia para que continuase mis investigaciones sobre los orígenes
hebreos.
Sólo después de haber llegado a los setenta años de edad, volví a los
temas de los que me había ocupado cuando era un joven psicoanalista.
Encaré los problemas de la prehistoria hebrea desde un punto de vista
estrictamente científico, comparable al del arqueólogo que trata de reconstruir
el pasado desconocido de un pueblo a partir de los restos que
han sobrevivido a cambios radicales. Remontándome a la forma y significado
originarios de los mitos hebreos más importantes, traté de reconstruir
la prehistoria de esas tribus semitas durante un período muy
anterior a su transformación en un pueblo. El resultado de este intento

de reconstrucción fue presentado en una tetralogía bíblica cuyas partes
se titulan Myth and Guilt (Mito y culpa), The Creation of Woman (La
creación de la mujer), Mystery on the Mountain (Misterio en la Montaña)
y The Temptation (La tentación)
Fue más tarde cuando comprendí que esta tetralogía constituía un
intento por descubrir el origen de esa estructuración interior secreta que
había mencionado Freud, buscándola en la historia, mejor dicho, en la
prehistoria de los judíos, en el período de sus años de formación, siguiendo
un método semejante al que se emplea cuando se indaga en la
temprana infancia de un individuo. ¿Pero a dónde iré, a partir de aquí?
ESTE LIBRO
Los psicólogos y los sociólogos discuten con mucho empeño en la
actualidad los problemas de la creatividad, y estudian la cualidad inasible
de la "persona creadora", los rasgos característicos del "proceso
creador" y de la "situación creadora". Incurriría en presuntuosidad si
denominase ''situación creadora" a las circunstancias en que fue concebido
este libro.
Hace poco tiempo, un grupo del Instituto de Investigaciones Sociales
de la Universidad de Michigan, formuló una hipótesis sobre las condiciones
que parecen conducir a la actividad científica creadora. Sólo
una de dichas condiciones estuvo presente en la situación en que nació
la idea de este libro. La cito textualmente: "En términos generales los
hombres de ciencia son más creativos cuando están un poco incómodos.
Necesitan ser forzados a una reacción desusada (o creadora) por una
condición de «incertidumbre» o «agitación» intelectual"4.
Yo estaba verdaderamente incómodo (no sólo un poco) y en una
condición de incertidumbre intelectual, pero por lo que sé no se daba
ninguna otra de las cualidades de una "situación creadora". Estaba sentado
frente a mi mesa de trabajo, distraído e inquieto. Nada más lejos de
mis pensamientos que la psicología del humorismo judío, ni nada más
3 Vienna Psychoanalytic Press, 1919.
4 Carnegie Corporation of New York Quarterly, julio de 1961, pág. 7.

lejos de mi espíritu que las bromas y las burlas. Me sentía algo malhumorado,
pero no triste.
Mis pensamientos daban vueltas alrededor del paciente que me había
dejado media hora antes, y las primeras palabras que había pronunciado
el mismo en su sesión de psicoanálisis repercutían todavía en
mí de un modo extraño. Este hombre, de elevada inteligencia, había
permanecido unos minutos en silencio para luego manifestar: -Hacemos
una pausa para identificar la estación.- La frase, que es habitual en las
transmisiones radiales, tenía sentido en el caso porque él experimentaba
con frecuencia una sensación de enajenación, de búsqueda de la identidad.
Sus palabras volvieron reiteradamente a mi memoria, y descubrí a
poco que tenían relación con mis repetidos y frustrados esfuerzos por
indagar el secreto de la análoga estructuración interior de los judíos que
había mencionado Freud. En consecuencia, ese "Hacemos una pausa
para identificar la estación" era importante para mi labor de investigación.
La pausa había durado mucho tiempo, demasiado tiempo.
Las paredes de mi despacho están cubiertas con retratos de Freud.
Creo que hay aproximadamente cincuenta fotos, grabados y dibujos,
imágenes de su infancia, de su juventud y vejez. La última foto lo
muestra en Londres, un año antes de su muerte. Desde mi asiento, detrás
del escritorio, miraba los retratos que me rodeaban, como buscando
ayuda. Pero no me "hablaban". Era en vano. Entonces se me ocurrió
una idea extraña: todas las fotos y dibujos muestran a Freud con expresión
seria, a veces incluso amarga. No hay una sola foto en la que
aparezca sonriendo.
En seguida recordé algunas oportunidades en las que lo vi sonreír.
Recordé incluso casos en los que se rio. Yo mismo lo hice sonreír unas
pocas veces con una observación graciosa. Y sabía festejar con ganas
los chistes judíos contados por alguien de nuestro círculo.
Era una lástima que ninguno de nosotros, los psicoanalistas, hubiese
ahondado en las magníficas observaciones sobre el humor judío contenidas
en el libro de Freud El Chiste y Su Relación con lo Inconsciente.

En esta obra analiza Freud el humorismo en general, y sus comentarios
sobre los chistes judíos sólo eran una parte del tema más amplio. Pero
habría que separar los cuentos judíos de los otros y estudiarlos desde
ángulos psicológicos; es decir, que se debería enfocarlos desde el ángulo
de lo que revelan sobre la psicología del pueblo judío. Esta tarea
significaría una contribución a la psicología comparada de los grupos
humanos.
A mí mismo se me habían ocurrido algunas ideas sobre este tema y
había tomado varios apuntes al respecto. Debían estar en una carpeta,
dentro de uno de los cajones que se hallaban al alcance de mi mano.
¿Pero esta investigación no significaría perder el rumbo, apartarme del
camino que siempre había seguido? Dedicar varios meses a semejante
estudio, equivaldría quizás a una desviación similar a la que en términos
deportivos recibe el nombre de "tiempo descontado"... Y se dice que el
tiempo descontado es tiempo perdido. ¿Pero qué importancia tiene esto
cuando uno ronda los setenta años y vive de todos modos tiempo prestado?
Sigo pensando que la oportunidad en que surgió la idea de este
libro no merece el calificativo de "situación creadora". A veces incluso
me parecía un hecho gracioso; sin embargo, tal como lo demuestra esta
obra, encaré la tarea au grand serieux.
RECOPILACION Y SELECCION
El escritor que tiene ciertas ideas acerca de un tema, o nociones que
se pueden verificar, debe encarar dos trabajos antes de poner a prueba
su teoría en cierne: ante todo tiene que reunir la mayor cantidad de hechos
entre el material que está a su disposición y luego, seleccionar
cierta cantidad de esos hechos para realizar dicha verificación.
Leí muchas colecciones de chistes judíos en alemán, ídish, francés,
holandés e inglés; les pedí a mis amigos y relaciones que me contasen
anécdotas judías y anoté todos los cuentos de ese tipo que conservaba
en la memoria.
En el curso de mi tarea tuve algunas experiencias sorprendentes. Si
hay un caso en el que no se puede aplicar la frase "cuantos más mejor",
es el de tales chistes. Todos conocemos al hombre o a la mujer dis-

puestos, a la menor indicación, a disparar un arsenal completo de chistes
judíos, algunos de ellos los conoce ya uno desde antes que el narrador
hubiese nacido. En tales circunstancia uno se siente como si hubiese
"vuelto a Matusalén", amén de que el locuaz cuentista le resulta inmensamente
aburrido, En este caso se podría afirmar que "los menos valdrían
más".
No hay reglas que orienten el trabajo preparatorio de la recopilación.
Sin embargo, hay ciertos factores conscientes e inconscientes que
determinan cuáles son los casos que se deben seleccionar para una interpretación
psicológica. Por ejemplo, uno de estos factores determinantes
es de carácter estético, es decir, que la decisión depende del
valor del chiste: se escogen los "buenos" y se omiten los de calidad inferior.
Al fin y al cabo esos chistes pertenecen al campo de la literatura.
El hecho de que no sean impresos o editados con frecuencia no cambia
la situación. Muchas bellas canciones populares y significativos cuentos
de hadas no fueron publicados nunca. Nadie negará, sin embargo, que
pertenecen a la literatura de una nación.
Otra objeción posible -la de que muchos chistes judíos son inventados
sobre la marcha y son también rápidamente olvidados- no disminuye
su valor. Tampoco las mariposas suelen permanecer mucho tiempo
en un mismo lugar, y siempre se alejan volando rápidamente, pero si se
las destruyese echaríamos de menos su belleza.
Existe un riesgo adicional: concretamente, que omitimos ciertos
chistes, porque ofenderían nuestras ideas convencionales o porque podrían
parecer objetables al lector debido a prejuicios sexuales u otros
similares. Tenemos, por ejemplo, los cuentos que se mofan de la falta
de higiene y aseo físico, los que zahieren la deshonestidad del ghetto,
los que satirizan ciertas formas de inconducta de los judíos orientales.
¿Habríamos de excluir estas historias porque pudieran resultar ofensivas?
La mente afirma que la limpieza está próxima a la divinidad, pero
son precisamente estos cuentos judíos los que demuestran que muchas
veces existe entre una y otra una distancia mayor que la imaginada, en
tanto que, frecuentemente, el hecho de estar sucio acerca más a la santidad