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viernes, 31 de agosto de 2012

Judíos y palestinos: ¿dos nombres para un mismo pueblo?


Judíos y palestinos: ¿dos nombres para un mismo pueblo?

Un investigador israelí sostiene que el 85 por ciento de los palestinos tiene orígenes judíos y que su país debería reconocerlos y buscar la solución al histórico conflicto de Oriente Medio en la fórmula de 'un estado para un pueblo'. 

Zvi Mesinai, físico y programador informático dedicado desde hace años a la Historia, sirve de intermediario entre cuatro palestinos que reclaman tener orígenes judíos y un consejo rabínico denominado el 'Nuevo Sanedrín', que estudia si sus teorías tienen fundamento. 

'Aquí ocurrió lo mismo que en España', asegura a Efe Mesinai, autor de 'Ver para creer' (edición propia, 2006), en alusión al proceso de mestizaje y conversión que tuvo lugar en la Península Ibérica y que, defiende, también tuvo lugar en Oriente Medio. 

'Los palestinos son judíos conversos', asegura Mesinai, para quien su libro es 'el primero que hace balance de la historia palestina desde hace 2000 años'. 

Los cuatro palestinos cuyo caso apadrina este investigador viven en las colinas del distrito cisjordano de Hebrón, y uno de ellos acudió a él con objetos litúrgicos judíos que dijo haber recibido de un tío abuelo, con la afirmación de que sus antepasados fueron convertidos al Islam por la fuerza. 

Exactamente como si se tratara de conversos en la España medieval, otro le contó que su familia solía encender velas en secreto antes de la jornada sabática y durante la fiesta de 'Hanuká', que conmemora la revuelta macabea contra Grecia en el siglo II a.C. 

La identidad de los cuatro es mantenida en secreto por temor a actos de represalia de sus vecinos, pero Mesinai trata de convencer a los rabinos de que les abran las puertas del judaísmo. 

A ellos y a otros miles de la misma región que, dice, tienen también raíces judías. 

'Parece que estos cuatro sólo son (musulmanes) desde las últimas generaciones, pero el origen judío del grueso de los palestinos se remonta siglos atrás', afirma. 

El investigador se apoya, entre otros elementos, en los resultados de un estudio científico del cromosoma Y, que en 2000 estableció una afinidad genética entre los judíos y más de un 80 por ciento de los palestinos. 

Con ello también reta las teorías de que fueron relativamente pocos los judíos que quedaron en la zona tras la destrucción del Templo de Jerusalén en el siglo I y la Revuelta de Bar Kosiba contra Roma en el siglo II, al comienzo del Segundo Exilio. 

'Antes de la revuelta había unos dos millones de judíos, y quedaron un millón de los que, con el tiempo, muchos se convirtieron al cristianismo bajo el Imperio Bizantino', declara. 

Y explica que para 1012, cuando el califa fatimí Al-Hakim ordenó que todos sus súbditos se convirtieran al Islam o abandonaran sus territorios, había en la zona unos 600.000 descendientes de las tribus de Israel. 

Según el investigador, 'de ellos medio millón aún eran judíos de religión'. 

La gran mayoría, subraya, se convirtieron en 'mustarabim', equivalente a 'marrano' porque siguieron practicando el judaísmo en secreto; 'de estos conversos provienen los palestinos', sentencia. 

Lo que muchos podrían tildar de 'charlatanería', es para Mordejai Nisán, docente de la Universidad Hebrea en Estudios del Medio Oriente, 'cuanto menos factible'. 

'A priori su premisa tiene base', explicó a Efe ese otro experto, porque en cualquier lugar en el que hay cambios demográficos y migraciones se entremezclan los orígenes de los pueblos. 

'Hay incluso apellidos y pueblos palestinos que ya aparecían mencionados en el Guemará (parte del Talmud) como habitados por judíos, como Yata y Samoa en Hebrón, o Sahnín en la Galilea, hoy de población árabe', subraya Nisán. 

Pero aferrado a las normas más estrictas de la investigación histórica, Nisán prefiere no aventurar cifras, porque 'antes se necesita verificar y contrastar' todo con métodos científicos. 

En su opinión, el Estado judío debe dar cabida a todos los descendientes del 'histórico pueblo de Israel', independientemente de la religión que practiquen ahora, y abrirles las puertas, aunque sólo a aquellos que deseen abrazar de nuevo el judaísmo. 

La atrevida teoría de Mesinai tiene también un ángulo político, ya que afirma que 'si los palestinos son de origen judío, darles ahora un estado sería redundante'. 

'La fórmula de dos estados para dos pueblos que promulgan todos es una receta para el fracaso. Los palestinos son nuestros hermanos, así que lo que se requiere es 'un estado para un pueblo'', dice.